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La Era de las Ventajas Absolutas


I

Cuando Ricardo creó la teoría de las ventajas comparativas tuvo quizás como motivación fundamental explicar un universo que caía fuera del campo donde operaba la ley del valor, es decir, descubrir las leyes que regulan el comercio internacional. Pocos, sin embargo, se preguntan por qué Ricardo postuló, para los mercados internacionales, una teoría que no era consistente con la teoría del valor, desarrollada en los primeros capítulos de su obra. ¿Por qué consideró necesario introducir una molesta inconsistencia en su sistema y no se limitó a usar los mismos principios que le habían permitido analizar la determinación de los valores en el interior de una nación? La respuesta tiene mucho que ver con otra creación de los tiempos modernos: el Estado nación, una construcción que no puede ser pensada sin un espacio donde rijan supremas las regulaciones que de éste emanan , y, que se manifiestan en la libre movilidad de los factores de producción, capital y trabajo, en el territorio controlado por éste. Sin libre movilidad de factores al interior de un territorio no es concebible un Estado nación. Como la esfera donde se manifestaban los flujos de comercio internacional escapaba del territorio donde indisputable regía la regulación del estado. No había, por esta razón, ninguna inconsistencia: la función que la teoría de las ventajas comparativas en el sistema de Ricardo era hacer explícita las leyes naturales de un espacio pensado como diferente al espacio interior; tan diferente que las leyes naturales que regulaban los fenómenos que se manifestaban se basaban en principios diferentes a los propios del espacio interno y, por esta razón, podía extraerse de los mismos conclusiones también diferentes.

Pero, ¿se mantiene, en los tiempos en que nos ha tocado vivir, esta drástica y radical separación? ¿Acaso, podemos negar la característica más pervasiva del proceso de globalización, la disolución del espacio económico controlado por el estado nación en el espacio internacional o del espacio de los estados nación más débil en el espacio de otros más poderosos? No lo creo. Se hace, por esta razón, indispensable revisar la teoría de Ricardo; e introducir en ella los nuevos procesos que parecen caracterizar la vida económica en esta nueva era de la economía mundial.

Ya, en el siglo XIX, era posible constatar cuán poco apropiado podía ser este postulado de disociación. La expansión colonial europea hacia todo el mundo fue, en realidad, acompañada e incluso reforzada por inversiones de capital en las colonias europeas y de fuerza de trabajo. De hecho el desarrollo económico de Estados Unidos, Sudáfrica, Argentina, Canadá o Australia, con la teoría del comercio internacional de Ricardo, pero el fenómeno en modo alguno provocó, la sustitución de ésta por otra alternativa, ya que éstos fueron interpretados como desarrollos excepcionales; interesantes, sin duda alguna, pero que de ninguna manera ponían la separación que Ricardo uso para construir su sistema. ¿Por qué los economistas podían argumentar de esta manera y considerar como curiosidad los movimientos internacionales de los factores de producción? Por varias razones. En primer lugar, el fenómeno poseía, en realidad una importancia secundaria y no parecía afectar ni alterar las principales tendencias del desarrollo económico de los principales estados europeos. En segundo lugar, la movilidad del siglo XIX era, en lo fundamental, movilidad de capital y no de fuerza de trabajo; de hecho, las conclusiones de la teoría de Ricardo, pueden mantenerse si sólo existe este tipo de movilidad factorial. En tercer lugar, y ésta constituye con toda probabilidad la razón fundamental, el desarrollo de las fuerzas productivas, en el siglo XIX, todavía no permitía la formación de un espacio económico global. En efecto, la tecnología del siglo XIX aún no había alcanzado el desarrollo requerido para volver económicamente viable una construcción de esta naturaleza, ya que la misma requiere para operar como lo hace un espacio económico nacional no sólo el libre comercio de bienes sino el de servicios y de factores de producción. Esto es de una importancia fundamental, ya que todo parece indicar, dos siglos después de la aparición de la Teoría de las Ventajas Comparativas, que el desarrollo de la tecnología hace, por primera vez en la historia de la Humanidad, viable un único espacio económico. Pero, ¿cuáles son los lindes que hacían imposible en el siglo XIX la creación de un espacio global para la operación de la ley del valor? ¿Por qué las potencias europeas no podían ejecutar un proyecto total que agrupara al “Hombre” en un imperio extendido en el planeta y tenían que contentarse con la inevitable fragmentación del mismo en distintas esferas de influencia? ¿Por qué el “Hombre “al mirarse en un espejo no podía abarcar toda la superficie de la tierra sino sólo un espacio limitado y tenía, a pesar de sus afanes, soportar que otros “Hombre” al ejecutar un acto similar vieran en el espejo un lugar también limitado pero diferente? Dionisio, el dios griego de la vida colectiva, lo hacía mejor; éste, cuando se contemplaba en el espejo, veía no sólo a todos los hombres sino a toda la Vida. ¿Era, entonces, Dionisio, superior al “Hombre”?

¿Cuáles fueron los poderosos impulsos que llevaron al poderoso intelecto de Ricardo a postular dos leyes diferentes para explicar un fenómeno tan esencial como el valor, a introducir en su sistema, dos sistemas de pensar, cuya mutua consistencia, en modo alguno, estaba asegurado? Quizás, la observación elemental que , en ese entonces, existían en todas las economías, importantes industrias que funcionaban aisladas de los flujos de comercio internacional; no obstante constituir parte vital del espacio económico interior y, por esta razón, estar sujetas a las determinaciones de la ley del valor. En efecto, a principios del siglo XIX, no permitía el desarrollo de la tecnología superar las barreras naturales al comercio y eran éstas las que convertían a varias mercancías en productos no transables. Pero, hay otra razón, más profunda y misteriosa, una característica peculiar del proceso de producción de ciertas mercancías; un exigencia de la realidad física que establece, en ciertos sectores, sólo de pueda ejecutar un proceso de producción si concurren en el mismo espacio tanto el consumidor como el productor. Era esta exigencia de presencia simultánea, la que, en la práctica, aislaba a casi todo el sector terciario de una economía de los efectos del comercio internacional. No es, en efecto, el sector servicios una parte accesoria del aparato productivo de una economía; de hecho, en muchos países, es el sector más importante, tanto en la generación del producto nacional y el nivel de empleo.

¿Eran, acaso, las bases que justificaban la peculiar inconsistencia del sistema de Ricardo , sólidas y fuertes en el grado necesario, parar mantenerse inmunes ante el avance, por momentos avasallador, de la tecnología y de la Razón Instrumental? En otras palabras, ¿ha hecho más fuerte el progreso técnico la separación entre el espacio económica interior , controlado por el estado nación y regido por la ley del Valor, y el espacio internacional, caótico porque él no puede regir suprema la voluntad de ningún estado nacional y tampoco la ley del valor, o , ha sido uno de sus sesgos esenciales mellar la base material que soportaba esta drástica disociación ? Aunque muchos , especialmente aquellos que aborrecen los resultados aún no definidos, podrían sentirse tentados a contestar de forma afirmativa esta pregunta, su respuesta podría influenciada em demasía por lo que puede ser una fase inicial de la nueva revolución tecnológica de la información. Si bien en una primera impresión, las nuevas tecnologías de transporte aparecidas a finales del siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX, y, en especial, la nueva revolución informativa de los últimos años de siglo XX, parecer neutralizar toda esta disociación, y , por ello, poseen el potencial, para neutralizar toda distinción en un espacio económico nacional e internacional , esta puede , sin embargo, el resultado de un desarrollo desigual de las tecnologías de administración y control social.

De hecho, la tecnología a finales del siglo XX, parecía reunir todos los elementos requeridos para abolir la separación postulada por Ricardo. En efecto, los avances en las tecnologías de transporte , aunque favorecen las zonas planas del planeta y perjudican las regiones montañosas, neutralizan el impacto de las barreras naturales al comercio. De otro lado, las revolución de la información, al mostrar que el aislamiento, es decir el requisito de concurrencia espacial, puede ser superado sustituyendo la presencia virtual por la real y así permitir el comercio internacional de la mayor parte de los servicios. E incluso, como lo demuestra el nuevo fenómeno del «Outsourcing» , levantar las barreras legales que en estos momentos impiden la plena movilidad internacional de la mano de obra; pues éste, el «Outsourcing» no es sino la sustitución del desplazamiento real por el virtual de este factor de producción.


Con ello, parecía, en principio claro, si en los próximos años no se desarrollaran nuevas tecnologías de gobierno que le permitan recuperar a los Estado nación, parte de su capacidad de soberanía, qué estos podrían ser una institución, en principio, obsoleta , especialmente, si su único soporte era sólo el económico. Su voluntad local de poder entorpece el proceso de disolución de los espacios económicos internos e impide una asignación mundial eficiente de recursos al volver más lenta la «perecuación» mundial de las remuneraciones de los factores de producción – trabajo y capital. Ello es así porque la nueva matriz tecnológica parece requerir una división internacional del trabajo basada en el principio de ventajas absolutas y no , en el principio ricardiano de ventajas comparativas.

¿Qué potente criatura puede sustituir a la más noble creatura de la Ilustración? ¿Esta ya dispuesta , parada en el fundamento del Mundo,para extender su prepotente alma sobre la faz del espacio; cuando èste , vacuo, vacío, y sin propoósito, clame por forma? No los sabemos, pero lo realmente curioso es que esta Ignorancia Absoluta no debe , en modo alguno, ser sorpresa; pues ésta, después de un lapso que dura tanto coomo el esplendor de una ola consumida en espuma, muta en ansia y el ansia en miedo y el miedo en estulticia; y ésta puede ser peor vicio que el hybris; ya mientras éste último es la arrogancia de quién pretende ser algo que por naturaleza no le corresponde y aunque destructiva perdura , al menos como recuerdo; la estulticia, conduce a la misma destrucción, pero no posee la misma cualidad del hybris, es decir, la esupidez no se transforma, se disuelve. ¿Y, no son los recuerdos, el único consuelo de las desgraciadas criaturas que los poetas griegos encontraban tan similares a las hojas otoñales del los árboles ?.

Breve Historia de los Regímenes Monetarios del Perú

I

¿Pudo alguien imaginar , en los terribles días de la hiperinflación, justo cuando la más descomunal catástrofe económica sobre nosotros se cernía e imperturbable, toda ilusión consumiendo, transformaba al Perú en el inefable país de las últimas cosas, que tan sólo veinte años después, hubiera personas reunidas en el local del Banco Central para celebrar los 75 años de su creación y satisfechas escuchando un discurso similar al que preparó para la ocasión Oscar Dancourt, el vicepresidente de esta institución? Aun cuando es probable que los espíritus más perceptivos del Perú pudieran haber concebido, en los años ochenta, una posibilidad cómo la que describo, pues conocían cuán excepcionales y transitorios eran los eventos que en ese entonces presenciaban, ellos hubieran considerado mera ensoñación la posibilidad de que, en ese mismo lapso, nuestro Banco Central pudiera ocupar , gracias a las virtudes de su política monetaria, el primer lugar en un concurso en América Latina. Hay, en efecto, tanta distancia entre las condiciones económicas que prevalecían en los años ochenta y las que hoy parecen regir en nuestros mercados financieros, que estas, sin duda, deben parecer inteligibles a los espíritus más jóvenes. Los discursos racionales, a pesar de su complejidad técnica, probablemente nunca conseguirán trasmitir a plenitud la incertidumbre e inseguridad que amargó en los años ochenta el ánimo de aquellos que vivieron en esos días en el Perú, porque sólo es posible adquirir este tipo de conocimiento mediante la experiencia. Sin embargo, la profunda diferencia que existe entre dos momentos de nuestra historia económica, nos permite apreciar cuán diferentes pueden ser los efectos de los regímenes y principios que inspiran la práctica de la política monetaria, juzgar sus ventajas y entender sus debilidades estructurales , y, finalmente, analizar sus principales propiedades.

Tres partes componen este breve ensayo que intentará explicar las principales principios que inspiran el diseño de la política monetaria actual , entender sus efectos sobre las principales variables económicas y
discutir los principales desafíos del futuro. En la primera parte, intentaremos presentar una historia de los distintos regímenes monetarios que guiaron las acciones de los distintos directorios del Banco Central de Reserva en sus 75 años de existencia. En la segunda parte, discutiremos las bases conceptuales del actual régimen de objetivos de inflación , su modalidad de funcionamiento y las principales fuerzas que intervienen en la determinación del equilibrio general. Finalmente, la tercera parte se dedicará a discutir los principales riesgos y desafíos que enfrentará el actual régimen en los próximos cinco años.

II


No pudo escoger , la Junta de Gobierno que sucedió a Leguía, momento más oportuno para fundar el Banco Central de Reserva , cuando el 18 de mayo de 1931, expidió el decreto ley No. 7137 que estableció en el Perú a esta institución, siguiendo el proyecto preparado por la misión Kemmerer. Era la función principal del nuevo banco mantener estable el valor de la moneda nacional y proporcionar, según las circunstancias, la liquidez necesaria para la demanda variable del comercio y de la industria. Su organización imitaba la estructura del Banco federal de Reserva de los Estados Unidos y las normas que regulaban su funcionamiento interno. Aunque puede resultar apasionante e intrigante en sumo grado, reflexionar sobre esta extraña y comprobada predisposición a establecer los objetivos de nuestra instituciones justo en circunstancias donde es probable que no cumplan con los objetivos que la son asignados, es probablemente más eficaz para los objetivos de este artículo solo mencionar que en 1931, era el nuevo banco incapaz de cumplir con sus objetivos principales. Y fue este hecho el que determinó que el primer sistema cambiario que administró el Banco Central fuera un sistema de tipo de cambio flexible. Si bien esta elección fue motivada por las urgencias propias del momento y no sugerida por ninguna reflexión teórica, puede ésta haber sido la más apropiada para contener la deflación que en ese entonces amenazaba con destruir nuestra economía. La depreciación del sol contuvo , sin duda, la caída incesante de los precios y contribuyó a amortiguar los efectos que sobre el Perú tuvo la gran depresión económica de los años treinta. ¿Explica, acaso, la peculiar política monetaria que practicó el primer directorio del Banco Central, los efectos leves que la gran depresión tuvo en el Perú y la rapidez de la posterior recuperación económica? Aunque me inclinaría a responder afirmativamente, una respuesta definitiva puede requerir de mayor investigación.

No podemos dejar de notar, ya que este hecho tuvo una enorme importancia para la historia monetaria del Perú, el gran empeño que demostró el directorio del Banco Central para cumplir con el objetivo de satisfacer las necesidades de liquidez del sector privado. Fue este impulso el que llevó a establecer un conjunto de bancos especializados en sectores específicos gracias a la feliz iniciativa de los distintos gremios de producción. La Sociedad Nacional Agraria, por ejemplo, encargó a un abogado elaborar un proyecto para establecer el Banco Agrícola del Perú y este comenzó a operar en 1932. Iniciativas similares llevaron , en años posteriores, a la fundación del Banco Minero y del Banco Industrial. Fue una característica de estos nuevos intermediarios financieros su estrecha dependencia financiera respecto del Banco Central.

¿Hubo alguien que percibiera alguna contradicción entre este objetivo secundario y el más fundamental de velar por la estabilidad monetaria? No, en apariencia, y si bien sólo podemos elaborar conjeturas para explicar esta curiosa actitud, me atrevería a conjeturar que la teoría que justificó económicamente estos proyectos, fue una variante de la “Real Bill’s Doctrine”, creada en el siglo XIX por los economistas ingleses , y que siempre gozó de gran popularidad entre los gremios productores.

En cualquier caso, las operaciones financieras que ejecutaba el nuevo Banco Central con estos bancos especializados se convirtieron pronto en cruciales instrumentos de la política monetaria, y, quizás, fue la subordinación de estos respecto del financiamiento del Banco Central, el factor que explique la escasa fortuna que ha tenido esta institución administrando un sistema de tipo de cambio fijo.

Este conflicto potencial se manifestó con gran claridad en los años cuarenta, cuando la Segunda Guerra Mundial drásticamente transformó las condiciones económicas que prevalecían en la economía mundial y el Perú sustituyó el sistema de tipos flexibles de cambio por uno de paridad fija, emulando la tendencia mundial. Esta nueva coyuntura afectó, en primer lugar, los flujos de comercio internacional, y este hecho impulsó los precios hacia arriba, tanto en el mercado interno como en el internacional. También elevó drásticamente las necesidades financieras de todas las unidades de producción. En efecto, el conflicto armado, al aumentar los costos de transacción del comercio internacional, redujo también las velocidades de rotación de todos los activos circulantes – inventarios, cuentas por pagar y cuentas por cobrar, entre otros —, y, por esta razón, incrementó el capital de trabajo requerido por unidad de producción y la demanda de crédito bancario.

Sin embargo, poseía el Banco Central pocos incentivos para cambiar de expansión crediticia que , después de la fundación de la “Banca de Desarrollo“ prevaleció en la década de los treinta. De hecho, el nuevo esquema institucional y las urgencias económicas del momento contribuían a la popularidad de estas políticas. Si bien el acuerdo general parece ser una cualidad deseable de cualquier política económica ya que favorece la tradición antes que la revisión, desafortunadamente, no posee la cualidad de eliminar una contradicción en caso que exista. Puede así, en determinadas circunstancias, ser deseable una política económica que, aunque sostenible en el corto plazo, no lo sea en el largo plazo.

Al final, el régimen que terminó por consolidarse fue uno de tipo de cambio fijo. No fue difícil para el gobierno y el directorio del banco central descubrir que el sistema podía funcionar, en el corto plazo, sin garantizar la plena convertibilidad de la moneda nacional, pues así se generan las condiciones que permiten, al menos en el corto plazo, los efectos probables de la expansión interna del crédito sobre los agregados monetarios. Favorecía a esta política la excepcional coyuntura que prevalecía en los mercados internacionales de los años cuarenta. La guerra global imponía un límite obvio a la inversión financiera internacional, incrementaba la preferencia por liquidez, e impulsaba hacia arriba las cotizaciones internacionales de todos los productos de exportación del Perú.

Aunque la inflación internacional y la propensión natural hacia el atesoramiento le permitieron al directorio del Banco Central sostener por un período prolongado el tipo de cambio fijo a pesar de la tasa de crecimiento del crédito interno, cuando la victoria aliada volvió a cambiar los factores que regían la dinámica de las distintas variables internacionales , y, por esta razón, abruptamente se interrumpió en el Perú la tasa de crecimiento del ingreso nominal, volvió a dominar el carácter contradictorio de la política peruana y todo el sistema colapsó.

Produjo el colapso del régimen una crisis económica, pero sus efectos fueron bastante leves, ya que la economía mundial estaba a punto de iniciar la mayor expansión económica del siglo XX, la “Edad de Oro del Capitalismo“ , y este hecho le permitió al Perú, sin modificar el modelo diseñado en los años treinta, superar los efectos de la crisis.

Resulta, sin embargo, interesante mencionar varias de las políticas que introdujeron los gobiernos en su vano afán de aplazar lo inevitable, ya que son notoriamente similares a aquellas que se introdujeron en los años ochenta cuando también se agotaron las posibilidades del régimen monetario. La crisis fue, en ambas ocasiones, precedida por medidas administrativas cuya ejecución rebasa los límites de la capacidad de regulación de nuestro aparato estatal. Trataron, en efecto, nuestras autoridades económicas, de remediar la crisis con tipos de cambio diferenciados, controles de capitales y racionamiento de las divisas. Y en ambas ocasiones fracasaron. Lo sorprendente, sin embargo, no es el fracaso, sino la corta duración que hubo entre la introducción de los controles administrativos y el fracaso en ambas ocasiones. Parece que el Estado Peruano carece de la capacidad necesaria para administrar este tipo de sistemas, pues en otras partes del mundo suele gozar de una vida más prolongada. Este curioso rasgo de nuestra naturaleza puede reflejar una escasa tolerancia hacia la institucionalización de la corrupción, único camino que permite prolongar la duración de estos complicados sistemas de gestión administrativa.


III

Era, el Perú, a finales de los años cincuenta, una economía bastante peculiar. Inconfundible en América Latina, ya que la organización de sus instituciones y la estructura de su sistema de producción no se acomodaban con facilidad al patrón típico de un país no desarrollado. Inmediatamente capturaban la atención de los especialistas más perspicaces que solían, de cuando en cuando, visitarnos, dos rasgos de nuestro sistema financiero: el inusual sistema cambiario y la gran sofisticación de la banca y del mercado interno de capitales.

En los años dorados del régimen de “Bretton Woods“ era, sin duda alguna, bastante curioso encontrar en el mundo algún banco central que operara un sistema de tipo de cambio flexible. Existía, por cierto, la posibilidad, y esta era discutida en los tratados de economía internacional, pero su existencia todavía poseía – pensaban los especialistas - un naturaleza ideal. Sin embargo, los economistas más informados conocían que, en dos países de la tierra, esta idea había mutado en realidad: Canadá y el Perú. Era el primero una economía del mundo desarrollado y su banco central se había forzado abandonar el sistema de “Bretton Woods“, pues su proximidad geográfica respecto de los Estados Unidos integraba su mercado de capitales al de éste último país, y, por esta razón, imposibilitaba, bajo las reglas de “Bretton Woods“ la práctica de una política monetaria independiente. ¿Fue, acaso, la temprana experiencia del Canadá con un sistema flexible de tipo de cambio la que inspiró a Robert Mundell a escribir su clásico ensayo sobre los efectos de las políticas fiscal y monetaria? Probablemente lo haya sido así, pues, ¿no nacen todos los modelos útiles que conciben los economistas de un proceso similar? También el caso peruano motivó a un economista del Fondo Monetario Internacional, C.S. Tsiang, a escribir en la revista de esta institución un ensayo que documentó la experiencia del Perú.

¿Cuál era la razón que apartó al Perú de los cincuenta de la usual práctica internacional? ¿ Por qué resultaba tan curioso e intrigante el sistema financiero del Perú? La respuesta a estas preguntas se relaciona íntimamente con las políticas económicas que ejecutó el gobierno del general Manuel Odría para superar la crisis financiera de finales de los años cuarenta, pues postularon éstas un retorno al sistema de tipos flexibles de cambio de los años treinta. Contó el general Odría con los servicios de la Misión Klein para diseñar el nuevo sistema cambiario, y fue la propuesta institucional de este distinguido consultor internacional la que, con modificaciones, orientó la política monetaria en el Perú hasta el gobierno de Alan García, cuando, forzado por las circunstancias, nuevamente tuvo que abandonar el modo de regulación monetaria propuesto por el señor Klein y estableció el régimen monetario que actualmente prevalece.

Propuso, el señor Klein, al gobierno del Perú, un sistema de tipo de cambio dual, con una tasa de cambio para las transacciones comerciales y otra para las transacciones comerciales. Era un sistema bastante flexible y fácil de adaptar al tormentoso curso de las variables internacionales, ya que su funcionamiento le permitía al Banco Central ensayar, sin introducir modificaciones sustantivas, la lógica fundamental del esquema global, diversos sistemas cambiarios e incluso mezclar sus propiedades, y así encontrar el balance apropiado para las circunstancias del momento. Sin embargo, el requisito esencial para su funcionamiento era el requerimiento que entregaba al banco central el monopolio de la oferta de dólares. Colapsó el sistema, a finales de los años ochenta, cuando las condiciones económicas que permitían preservar este monopolio, debido a la aparición del narcotráfico, la banca paralela y la hiperinflación, no pudieron sostenerse.

No quiero pasar a otro tema sin brevemente comentar otro hecho que en esos años solía motivar la curiosidad de los más perceptivos visitantes extranjeros: la sofisticación y enorme eficiencia de la banca peruana de finales de los cincuenta. Fue esta, sin duda, el producto de singulares circunstancias y, aunque el tema también ha sido poco estudiado, no creo equivocarme si atribuyo esta característica al genio financiero del inmigrante cubano José Payán y al carácter diversificado del sector primario exportador. Conseguía, en efecto, el sistema financiero de Payán, logros que aparentemente se encuentran fuera del alcance del actual, como, por ejemplo, colocar en la Bolsa de Valores de Lima bonos emitidos por las Municipalidades y financiar en el mercado interno diversas inversiones públicas.

Quisieron, sin embargo, las leyes que parecen regir la evolución de la economía y de la sociedad en el Perú, alejarnos de estos logros tan notables para una economía subdesarrollada, ya que, en los años que siguieron, otras fuerzas terminaron apartando a nuestra economía de estas felices coincidencias.

A principios de los años sesenta, con el primer gobierno de Belaúnde, comenzaron a realizarse cambios institucionales en el modelo financiero de Payán, cuyo propósito fundamental era reforzar el papel que jugaba el estado en el sistema monetario y financiero. Aparece así, en los años sesenta, el Banco de la Nación, y se produce un notable aumento de los requerimientos de crédito del Estado. ¿Cuáles eran las misteriosas determinaciones que despertaban estas tendencias? La motivación más profunda parece ser la conjunción de la caída en la rentabilidad que se registraba en varias ramas del sector primario exportador y el notorio descenso en la inversión de las empresas. Creaban estas condiciones un consenso a favor de la expansión del Estado, ya que se le asignaba a este, mediante la expansión de sus funciones en la economía, el papel de sustituir a un sector privado que parecía dispuesto a retirarse de las actividades productivas. Fueron estos hechos los que determinaban, en ese entonces, la aparición de un superávit en el balance entre el ahorro y la inversión de las empresas, y, por esta razón, los que provocaban la necesidad de canalizar estos excedentes hacia el sector público. ¿Qué factor provocó la caída en la rentabilidad de nuestras industrias exportadoras? Nos encontramos, nuevamente, con una interrogante para la cual no tenemos una respuesta muy precisa. Todo, sin embargo, parece indicar que en esos años había agotado la economía peruana sus posibilidades de expansión y que las inversiones requeridas para solucionar este problema estructural, debido a su escala, escapaban de las posibilidades del sector privado nacional.

El Perú de los años sesenta no había aún desarrollado mecanismos ni instituciones que permitieran concentrar y centralizar el capital en un gran proyecto de inversión. Tampoco contaba con grupos empresariales capaces de financiar las inversiones requeridas para superar los problemas estructurales de la economía. Este hecho, sin duda, favoreció la expansión del sector público en la economía. Y fue precisamente este proceso el que determinó la historia financiera en los años posteriores.

Con el gobierno militar del general Velasco Alvarado, intensificaron las determinaciones que comenzaron, con claridad, a manifestarse en los años sesenta. Abandona, en efecto, este, la convertibilidad de sol, y, aunque preserva el modelo de regulación cambiaria concebido por Klein, refuerza su poder regulatorio con controles de capitales y la prohibición expresa de los depósitos en moneda extranjera. Contrata también en los mercados internacionales una apreciable cantidad de deuda pública, y con estos recursos financieros, ejecuta un programa de inversiones cuyo propósito fundamental era superar las dificultades estructurales de la economía exportadora.

Desgraciadamente, estas inversiones maduraron demasiado tarde, cuando el Perú había caído en una nueva crisis financiera, y esta, a diferencia de lo ocurrido a finales de los años cuarenta, tuvo una duración demasiado prolongada. Fue esta crisis la que determinó la aparición de la inflación y de los mecanismos psicológicos que garantizan su preservación en el tiempo.

Cuando con el ministro Javier Silva Ruete, las autoridades peruanas logaron recuperar el control de la situación a finales de los años sesenta, existieron claras oportunidades para cortar las raíces del fenómeno inflacionario. Cometió, sin embargo, el directorio presidido por Manuel Moreyra, un error crucial en el diseño de su política cambiaria cuando se inclino éste por un sistema que indexaba la paridad del sol con respecto al dólar. ¿Fue este error estratégico el origen primordial de la hiperinflación que a finales de la años ochenta produjo la desventura de todos los peruanos? No lo podemos saber con precisión, pero es claro que fue el sistema de minidevaluaciones de los años ochenta la fuerza que impulsó la dolarización de la economía y que introdujo en nuestra economía una sustancial dosis de inercia nominal. Y fue esta inercia la que en, última instancia, provocó el aumento incesante en la tasa de inflación, ya que con su presencia en una economía, solo es posible conseguir cambios importantes en los precios relativos aumentando su ritmo de crecimiento.

¿Sigue aún hoy día, a pesar del tiempo transcurrido, la hiperinflación que consumió el régimen monetario diseñado por la misión Klein, despertando viscerales reacciones en el ánimo de todos los peruanos y su pavorosa experiencia determinando las interpretaciones que hacemos de nuestra historia? Dos décadas transcurridas, esta actitud impide conocer con mayor exactitud varios aspectos del fenómeno. En primer lugar, aún hay un serio problema de registro, porque varios de los indicadores económicos que documentan el evento poseen serias deficiencias estadísticas. Es probable, por ejemplo, que el índice de precios al consumidor sobreestime la magnitud de la tasa de inflación, y este hecho impide obtener resultados plausibles para varios indicadores: salario real, tasa de desempleo, producto nominal, entre otros. También desconocemos la explicación de varios hechos intrigantes. La gestión del ministro César Vásquez Bazán resulta bastante intrigante, pues este parece haber logrado “estabilizar“ la tasa de inflación en un nivel de 30% mensual, y aún no queda claro cómo este personaje consiguió semejante proeza. Es necesario dilucidar el efecto psicológico del fallido intento de estatización de la banca, que parece haber sido el elemento crucial que impulsó hacia arriba la velocidad de circulación del dinero. Es notoria la discrepancia que existe en los primeros meses de la hiperinflación entre el ritmo de crecimiento de los precios y la tasa de crecimiento de la emisión monetaria. Asimismo, la estatización bancaria generó una conmoción en el modo de funcionamiento del mercado de capitales al provocar el nacimiento de la banca paralela, y, así, de numerosas transacciones crediticias que escapaban del control del Banco Central. No debemos olvidar que la informalización que se observó en los mercados paralelos de crédito en la práctica equivalió a una reforma financiera, ya que, en estos mercados, las tasas de interés se determinaban con total libertad. A medida que desaparecía el crédito en el sector formal y se expandían estas transacciones, se convertían estas en las medidas más acertadas de evaluación de los costos crediticios. La importancia de este hecho, aunque no comentado, es decisiva, pues, en el mismo período, comienzan a aparecer embrionarios los mecanismos de control monetario que terminarían por prevalecer en el Perú en los años noventa y en el período actual.



IV


Llegamos, finalmente, al tiempo en que vivimos, y el Perú, nuevamente, reconstruye su régimen monetario restaurando un sistema de libertad cambiaria. Surgió este gracias a la expansión de los mercados informales que prevalecieron en los años de la hiperinflación, pero la característica distintiva del nuevo régimen fue, probablemente, la bancarización de las enormes tenencias de dólares que el sector privado había acumulado para proteger su riqueza contra el vertiginoso aumento de precios. Si bien este hecho equivalió a una entrada de capitales, también provocó una peculiaridad, que devendrá en decisiva para el funcionamiento del nuevo régimen monetario. En efecto, los depósitos denominados en moneda extranjera no pueden considerarse con precisión activos internacionales, pues el contrato financiero involucra en ambos extremos a dos residentes peruanos, aunque el público los perciba como tales. En realidad, el nuevo régimen se basa en una ilusión construida combinando en un solo activo financiero un procedimiento de indexación al dólar y un compromiso de convertibilidad que estipula el cambio de los depósitos a una tasa de cambio fija de uno a uno con la moneda americana. Frente a estos depósitos se oponen aquellos denominados en moneda nacional, cuya tasa de cambio respecto del dólar se determina en un régimen de flotación sucia. Desde esta perspectiva, el Banco Central de Reserva administra, en realidad, de forma simultánea, dos monedas: los dólares emitidos en el Perú, y los nuevos soles emitidos también en el Perú. Para los primeros, utiliza un régimen de tipo de cambio fijo, y, para los segundos, un régimen de tipo de cambio flexible. No es sorprendente, por esta razón, que el sistema combine las propiedades de ambos regímenes cambiarios.

El segmento dolarizado se rige por las mismas leyes explicadas hace trescientos años por David Hume en su clásico ensayo sobre los determinantes de la balanza de pagos. De ahí que la evolución de su cantidad sea especialmente sensible a los flujos internacionales de capitales y que el Banco Central posea poca discreción para afectar en el largo plazo la escala del sistema. Así, tienden a expandirse estos depósitos cuando se registran saldos favorables en la cuenta de capital, y a contraerse cuando ocurre lo contrario. Sin embargo, en el muy corto plazo, el BCR puede afectar la magnitud de estos flujos manipulando los encajes en moneda extranjera y así practicar una política de control de dicho crédito. El sistema de flotación sucia domina la parte no dolarizada, y, en él, la autoridad monetaria era capaz de controlar sin ningún impedimento la magnitud de la emisión.

Para administrar el segmento en soles del sistema, el Banco Central, en la década de los noventa, adoptó un sistema basado en la programación de la emisión, emulando, quizás, el comportamiento de los bancos centrales de los países desarrollados a finales de los años setenta, cuando estos abandonaron el sistema de Bretton Woods y abrazaron sistemas de flotación sucia. No es necesario detallar los pormenores de su funcionamiento, pues se trata de un fenómeno ampliamente conocido. Sin embargo, puede ser interesante comentar dos puntos para los cuales no existe adecuada explicación. En primer lugar, la varianza del dólar fue, en este régimen, bastante reducida, a pesar de no existir un compromiso expreso por parte del Banco Central que lleve a determinar de forma rígida la paridad con respecto al dólar de la moneda nacional. En la práctica, aunque el Perú no contara oficialmente con un sistema de tipo de cambio fijo, operó como si lo hubiera. Lo realmente interesante no es la escasa variabilidad del dólar, sino entender cuál es el conjunto de fuerzas que determinaron este resultado, ya que el Banco Central ha señalado en repetidas oportunidades que no tiene como política fijar el precio de la moneda americana. El segundo rasgo esencial del sistema es que su operación parece requerir una cantidad mayor de reservas internacionales que el antiguo sistema de tipo de cambio fijo. En efecto, mientras que el antiguo sistema nunca requirió una cantidad de reservas que excediera a tres meses de importación, la magnitud de estas en el nuevo excede con creces un año de importaciones. Finalmente, no se registraron tendencias evidentes que llevaran a la desdolarización. En los años ochenta, a pesar de la caída en la tasa de inflación, el coeficiente de dolarización se mantuvo bastante estable, y aunque existen teorías que explican el hecho, no resultan convincentes.

Introdujo el gobierno de Alejandro Toledo a principios del nuevo milenio un nuevo sistema para administrar el segmento denominado en moneda nacional: el régimen de metas de emisión. Inicialmente, este había ganado popularidad en los países industrializados en los años ochenta, cuando los bancos centrales se desilusionaron debido al enorme desarrollo financiero que caracterizó en dicho período a los sistemas basados en la programación de la emisión. El problema que se registraba fue la inestabilidad de la demanda por los distintos instrumentos financieros que cuestionaban la efectividad de la política monetaria. Por ello, gradualmente se inclinó la balanza a favor de la tasa de interés, ya que esta política permitía con mayor eficacia regular la dinámica de una economía. Para orientar la política monetaria el nuevo sistema intenta limitar la discreción de las autoridades monetarias mediante el uso de la regla de Taylor. Especifica esta las razones que pueden motivar los movimientos de la tasa de interés: las variaciones en la tasa de inflación y los movimientos en el nivel de actividad. Los impulsos de la política monetaria se transmiten hacia el sector real usando como vehículo fundamental la estructura temporal de las tasas de interés, y su efectividad depende de la forma como esta estructura responde a las intenciones de cada banco central.

Aunque no podemos discutir a plenitud el funcionamiento de este sistema, pues hacerlo requeriría de un espacio semejante al que ya hemos abarcado, podemos concluir este breve ensayo notando dos puntos que nos parecen importantes. Es preciso notar que su puesta en practica en el Perú ha sido especialmente favorecida por las excepcionales circunstancias económicas que han predominado en el mundo en el quinquenio pasado. No hay que perder la perspectiva de que solo hemos podido apreciar el funcionamiento de dicho régimen en una coyuntura de expansión de la economía mundial, distinguida por el notorio descenso de las tasas de interés. No sabemos cómo funcionará este cuando esta se altere y las tasas de interés se comporten de manera distinta. En segundo lugar, el sistema parece haber provocado tendencias evidentes hacia la desdolarización del sistema, pero no queda claro si estas son un producto de su lógica de funcionamiento o de la coyuntura internacional. Es claro que estos temas merecen estudiarse con mayor profundidad.

Las Lenguas Contables del Siglo XX



¿En que hablan Adán, Eva, Dios y la serpiente:hebreo, flamenco,francés o sueco? El Paraíso, bañado por un río que desemboca en cuatro brazos, ¿ se encuentra más al oeste o al este, hacia lado del Éufrates o a orillas del Ganges?

Las Lenguas del Paraíso, Maurice Olender

¿Cuál es el camino que tomaron los padres fundadores de las grandes disciplinas sociales como la filología, la mitología, la lingüística comparada o la economía política? Solemos creer que la Razón gobierna todo el proceso y, además, que el progreso fue continuo, pero se trata de una ilusión, una nueva versión de un antiguo argumento teleológico. En efecto, no parece existir una separación clara, tajante y definitiva, entre los procedimientos estrictos del rumbo racional y las fábulas que concibe la imaginación. Después de todo, la imaginación es la cualidad más compartida y generalizada de la especie humana. Como lo conocía Platón, el mythos y el logos son aspectos de un universo unificado, dos figuras complementarias del espíritu. El examen de la historia de las ciencias suele mostrarnos que los campos de investigación más  originales y ricos en desarrollos futuros son aquellos que aparecen como un tejido de fábulas complicadas, cuyo dominio puede exigir un conjunto complejo de habilidades: el dominio de una lengua ya extinta, el conocimento de múltiples relatos legendarios y hechos religiosos, formas de pensamiento y rasgos particulares de una civilización. En otras palabras, la motivación decisiva que impulsa a la creación de nuevo conocimiento suele ser más extraña o misteriosa de lo que lo que parece a primera vista. Pero, para entender  a cabalidad esta afirmación, resulta vital un retorno a los orígenes, a ese primer momento, pues ahí podemos percibir las fuerzas que provocaron el nacimiento de   una disciplina.

Para estudiar o describir los principales fenómenos  económicos y sociales, resulta esencial diseñar una lengua artificial, porque ésta permite nombrar, organizar e interpretar los hechos más relevantes. Aunque sólo los especialistas conocen la lógica y procedimientos de esta construcción social, no por ello podemos concluir que su relevancia sea limitada. Por el contrario, las lenguas contables creadas por la economía política,  parecen despertar, en la era de la información, un interés inusitado.

Pero no es esta cualidad la característica esencial de este curioso fenómeno, sino el hecho de que éste posea un carácter general. En efecto, los resultados de estos sofisticados sistemas contables parecen dominar la dinámica de la investigación científica, inspirar los planes de las administraciones públicas, motivar el entusiasmo de los inversionistas internacionales, satisfacer la condicionalidad requerida para acceder a un préstamo, y justificar las acciones de política de los gobiernos nacionales.

Desafortunadamente, su popularidad y, en especial, su uso difundido no vienen acompañados por una conciencia plena de los principios que norman su estructura, los problemas que llevaron a su creación ni, sobre todo, de los límites intrínsecos a su diseño mismo. En efecto, la difusión de una determinada práctica presupone cierto grado de automatismo e imprecisión en su uso y, principalmente, el uso creciente de interpretaciones metafóricas, ya que son éstas las que permiten la ampliación constante del sentido y así extender las dimensiones de su aplicación.

En efecto, los sistemas que ha desarrollado la economía política para medir los principales hechos económicos son sólo un tipo específico de lenguaje humano, un idioma artificial cuya estructura no es muy diferente a la de otros que se desarrollaron en eras anteriores a la nuestra

Nos dice Michael Foucault, en el prefacio de Las Palabras y las Cosas, que los códigos fundamentales de una cultura fijan de antemano los órdenes empíricos que reconocerá. En esta misma obra, también se dice que este reconocimiento es arbitrario, pues es posible identificar, en el tiempo y el espacio, un gran número de estos sistemas de organización de la realidad empírica.

En este mismo prefacio, Michael Foucault indica que llegó a esta conclusión después de leer un ensayo de Borges, El Idioma Analítico de John Wilkins1, que describe la lengua artificial language diseñada en el siglo XVII por este estudioso británico2. Formar un idioma general para organizar y abarcar todos los pensamientos humanos puede parecer una empresa curiosa, pero ¿no son estas ambiciosas pretensiones equivalentes a aquellas postuladas por los nuevos sistemas de medida? En el idioma analítico, todo el universo es dividido en cuarenta categorías; subdivisibles, cada una de ellas, en diferencias; subdivisibles, a su vez, en especies. A cada género se le asigna un monosílabo de dos letras; a cada diferencia, una consonante; a cada especie, una vocal. De la misma forma, el sistema de contabilidad nacional divide la actividad económica con la Clasificación Industrial Uniforme de todas las Actividades Económicas (CIIU, Rev3) y tiene como objetivo permitir a los países producir estadísticas comparables a nivel internacional. En esta lengua contable, también todas las actividades económicas son subdivididas en secciones, divisiones, grupos y clases. A cada sección se le asigna una letra, pero se utilizan guarismos para denotar los órdenes empíricos inferiores. Quizás, la única diferencia importante que exista entre la lengua contable y el idioma de Wilkins sea el hecho de que, en este último, es posible utilizar las palabras fundamentales para definir otras palabra mientras que esta posibilidad no existe en la lengua de los contadores sociales. Sin embargo, esta deficiencia del diseño se intenta remediar mediante revisiones periódicas que introducen nuevas actividades económicas y descartan todas las que pierden importancia.

Pero, como objeta Borges, un examen detallado de las distintas divisiones revela con facilidad la ambigüedad y arbitrariedad del procedimiento. Por ejemplo, en el idioma analítico, los metales se clasifican en imperfectos, artificiales, naturales y recrementicios; en la lengua contable podemos encontrar similar ambigüedad en el tratamiento de las industrias dedicadas a la producción de materias primas. En efecto, los autores de la clasificación internacional uniforme decidieron que la comparación internacional requería separar de la A gricultura, Minería o Pesca, la etapa final del proceso de producción de las principales materias primas. Por ejemplo, se suele distinguir en la actividad minera una fase extractiva, incluida en este sector, y una etapa de refinación, que pertenece a la manufactura; similar tratamiento se otorga al petróleo, la harina de pescado, el algodón, el café, la carne y el azúcar. Como no existen mercados organizados para ninguno de estos productos, el cálculo de su valor se basa en convenciones que consagra la costumbre. No se trata de un punto trivial, porque la aplicación mecánica de los principios de la lengua contable, especialmente en las economías de América Latina, puede llevarnos a conclusiones absurdas. En efecto, cuando utilizamos los principios de la lengua contable para estudiar la composición de las exportaciones peruanas, llegamos a la conclusión de que el Perú es un país exportador de productos manufacturados.

¿No nos dice Borges algo similar cuando nos indica que en las remotas páginas de una enciclopedia china, que lleva el nombre del Emporio celestial de conocimientos benévolos, se divide a los animales en "(a) pertenecientes al Emperador, (b) embalsamados, (c) amaestrados , (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación, (i) que se agitan como locos, (j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, (l) etcétera, (m) que acaban de romper el jarrón, (n) que de lejos parecen moscas" o cuando comenta la caótica parcelación del universo del Instituto Bibliográfico de Bruselas?¿Expresan únicamente estas alarmantes conclusiones una limitación inherente a toda lengua humana o esconden éstas un proceso social más fundamental? Hago la pegunta porque una lectura de la historia de la ciencia y cultura  nos revela que la empresa de John Wilkins puede ser más general que lo imaginamos a primera vista.

Guiado por un entusiasmo similar, el gran matemático alemán David Hilbert, en el Congreso Internacional de Matemáticos que se celebró en París a principios de 1900s, propuso a los asistentes un proyecto de investigación para basar las matemáticas en bases sólidas y completamente lógicas. Su propuesta tomó forma definitiva cuando se transformó en el programa de Hilbert acometer esta empresa mostrando que toda la matemática se sigue de un sistema de axiomas escogidos correctamente y en la posibilidad de probar la consistencia de los mismos. Desafortunadamente, este intento, que buscaba eliminar toda incertidumbre teórica de las matemáticas creando una lengua artificial,  acabó en derrota, cuando, en 1931, Gödel demostró el teorema de la incompletitud, del cual se deducía que el programa de Hilbert era imposible, ya que con un sistema finito de axiomas no era posible el carácter no contradictorio de ningún lenguaje formal.

En 1931, para el Congreso de Esperanto, J. R. R Tolkien, preparó una conferencia  que tituló  A Secret Vice3, que trata sobre las lenguas artificiales en general y las relaciones  de  cada mitología con su lengua de expresión. Este interesante y especializado tema no agota el contenido de este sorprendente ensayo, empero, pues en él podemos también encontrar una exposición de los principios que parecen gobernar el proceso de elaboración de los lenguajes construidos.

En primer lugar, ¿no es sorprendente la idea misma?  ¿Cuál es la  poderosa motivación que lleva algunos hombres a concebir  esta empresa de   proporciones tan enormes?  Pero más asombro puede producir comprobar cuán general es esta práctica4. Podemos, en efecto, identificar tres tipos de lenguas artificiales5: (1) Auxiliares; (2) Artísticas, y, (3) Diseñadas.

Las lenguas  auxiliares; como el Esperanto y sus dialectos, el Novial, Interlingua o Latino Sine Flexione; tienen como objetivo fundamental satisfacer la necesidad de comunicación internacional entre grupos humanos que no comparten el mismo idioma. Pueden subdivirse en lenguajes a priori, si su gramática,  morfología o sistema de derivación de palabras es  artificial y regular, o  lenguas a posteriori si su vocabulario es basado en algun lengua natural.

En contraste, el diseño de las lenguas artísticas responde a consideraciones estéticas. Concebidas por los inventores los  de los mundos de ficción,  intentan imitar la complejidad e historicidad de los lenguas naturales. Entre los principales proyectos, podemos  citar a las lenguas de la Tierra Media  inventadas por Tolkien, el Klingon y otras lenguas de Viaje a las Estrellas, a las lenguas personales y a las lenguas alternativas   que tratan de reconstruir la evolución de un  grupo de lenguas bajo otros supuestos históricos o derivar, a partir del  análisis de las mismas, una lengua original.  Como ejemplos podemos citar al Brithenig, el romance que hubiera nacido en Inglaterra si la influecia  hubiera sido lo suficiente fuerte como para reemplazar a las lenguas célticas con el latín Vulgar, o , el Wenedyk,   otro romance polaco en una versión de la historia en la que el Imperio Romano llega a incorporar en su territorio a los pueblos eslavos.

Finalmente, las lenguas diseñadas son todos aquellas concebidas para probar  teórias sobre el  funcionamiento de un lenguaje (es decir, su diseño), satifacer algun criterio objetivo y su estructura gramatical, buscar satisfacer los requerimientos del mismo. Podemos distinguir en este grupo tres subcategorias: los lenguajes filosóficos, los lógicos y los  experimentales.

El objetivo fundamental de las lenguas lógicas es eliminar  la ambigüedad del lenguaje natural y tienen como base cualquier sistema de lógica formal.  Entre los ejemplos, tenemos a los lenguajes de programación y las lenguas como el Loglan, el Ceqli y el Lojban, que buscan reducir a un mínimo la ambigüedad sintáctica y semántica de los lenguas naturales.

Para  explorar la relación  entre la lengua y  el pensamiento o analizar  otros elementos de la teoría linguística, se construyen  las lenguas experimentales. Se busca con ellas examinar cómo la estructura de un lenguaje  la forma cómo  sus hablantes perciben al mundo, sea por que se postula que la lengua determina o influencia el pensamiento, es decir, verificar la hipótesis de Sapir-Whorf6, que en su versión más  extrema puede conducir a la idea de que las palabras tienen un poder inherente, pues determinan no sólo el pensamiento, sino también todo lo que podemos concebir. Entre los principales ejemplos podemos citar el Laadan de Suzette Haden Elgin  y  Babel 17 de Samuel R. Delany; algunas lenguas de Viaje a las  Estrellas y de ficción distópica, como el Newsweek inventado por Orwell, que tenía como propósito eliminar la posibilidad de una revolución o el Anthem, de Ayn Rand,  que suprime del lenguaje cualquier todo término que  exprese la idea de individualidad.

Son las lenguas filosóficas, el tipo de lenguaje  construido   con mayor antigüedad  y probablemente las que posean  mayor relevancia; populares en el siglo XVIII, entre  los ejemplos más conocidos tenemos  al Ars Signorum de Dalgarno (1661),   The Groundwork or Foundation laid (or So Intended) for the Framing of a New Perfect Language and a Universal Common Writing (1652) de Francis Lodwick (1647) ,  Essay towards a Real Character, and a Philosophical Language (1668) de John Wilkins, y,  la Lingua Generalis (1678) de Leibnitz.

La motivación principal de los constructores de las lenguas filosóficas es recobrar la lengua que usaba Adam  para hablar con Dios en el paraíso terrenal, y, por esta razón,  el objetivo a conseguir  con ellas es  perfección  y simplicidad absolutas. En todas ellas, el vocabulario básico se construye  a partir  de un número limitado de  categorías conceptuales   , las cuales  son las raíces  de   un    complejo sistema  jerárquico de clasificación.  Con este léxico, el hablante podría realizar  cálculos y derivar  automáticamente proposiciones  siempre verdaderas.  Sólo fue en el Siglo XVIII que se reconoció  que era imposible esta pretensión de perfección, pero ello   llevó sólo  no al abandono de la idea sino  a una reformulación de estos ambiciosos objetivos.

Más antiguas que la economía política, las primeras lenguas contables aparecen , por primera vez, en Inglaterra al finalizar el siglo XVII y son uno de los productos más característicos de esta extraordinaria era. Con  los primeros estimados del ingreso nacional  de William Petty (1665)  , Gregory King(1696) , nace la  Aritmética Política , el origen más primario de la Contabilidad Nacional.  Concebidos para satisfacer la necesidad de contar con un discurso que permitiera discutir los factores que determinaban la riqueza y el poder las naciones, todos estos primeros intentos poseen una orientación práctica y una clara intencionalidad política. En efecto,  el impulso decisivo que llevo a su construcción  fue criticar  a quienes afirmaban que  el poder militar y comercial de Inglaterra era inferior al de Francia y Holanda.   Para  rechazar esta concepción,  Petty decidió probar matemáticamente que el  Estado podía obtener mayores ingresos de la tributación y que podía alcanzar este objetivo de un modo  justo y eficaz.
Cuando en 1671,  el editor Roger Coke  publicó su A Treatise wherin is Demostrated that the Church and State of England are in Equal Danger with the Trade of it,   para demostrar que era inevitable el declive del poder militar y comercial del Reino, William Petty decide escribir Political Arithmetick  , en la que intentaba probar  todo lo contrario.  Aunque sólo pudo completar la obra en 1676 , pero como suele suceder con varios de los textos clásicos,   nunca pudo publicarla en vida.

En  Political Arithmetick, Petty   resume su pensamiento político y económico  y también habla de su peculiar forma de razonar.  En el prefacio, después de enumerar los distintos argumentos de Coke   ,pasa a demostrar   que no correspondía, con los signos  visibles de dinamismo y vitalidad, de la Inglaterra de ese entonces. Después de hacerlo, y esto es lo realmente interesante, explica el extraño método que utiliza:

“The method I take to do this is not very usual ; for instead of using only comparative and superlative words , and intellectual arguments, I have taken the course ( as a specimen of the Political Arithmetick  I have long aimed at ) to express myself in terms of number , weight or measure; to use only arguments of sense, and consider only such causes , as have visible foundations in nature ; leaving those that depend upon mutable minds, opinions , appetites and passions of particular men, to the considerations of others 7….

Todo el proceso, le permitió reconocer la enorme  ventaja  que podía  derivarse de un sistema  contable que permitiera  preparar, con regularidad, estimados de la Riqueza  e Ingreso Nacionales. Sin embargo, estas avanzadas ideas no prosperaron  , y, el entusiasmo  inicial  que despertó la Aritmética Política se desvaneció en los siglos XVIII y XIX. Hubo, en realidad, que esperar hasta el siglo XX para contar con estimados   que igualaran, en extensión y calidad, a los  hechos por King y Petty.

Este curioso desarrollo no excluyó cierto progreso conceptual ni impidió que  en otros países se realizaran ejercicios similares.   Sólo diez años después de la publicación  del trabajo de King, Fleetwood inventó los  primeros índices de precios, pero hubo que esperar hasta 1823 para  su  primer uso en la  Contabilidad Nacional 8 Aunque King dedujo el valor de las semillas cuando estimó el valor de la producción agrícola de la Inglaterra de su tiempo, nunca usó sistemáticamente el concepto de valor agregado; quien lo inventa es Young en 1770.

En otros países asistimos a un escenario similar. En Francia, por ejemplo, a principios del siglo XIII, Boisguillebert  y Vaugman realizaron un ejercicio similar al de los aritméticos ingleses, pero, sin duda alguna,  la creación mas memorable fue el Tableau  Economique (1758) de Quesnay, la primera representación formal del circuito de circulación de una economía

Rosemary Thorp



Mientras veía caer la nieve, solo en una casa y en medio del bosque, pensaba en el silencio y en los placeres que podemos experimentar cuando tenemos la oportunidad de percibirlo. El ruido, especialmente, el continuo y persistente, es una característica de las grandes ciudades, detestable abominación, porque no nos permite escuchar el inmarcesible silencio de la creación, esas mismas voces que inspiraron elevados versos, la aislada ubicación de los templos griegos, y, el enigmático oráculo de Zeus en Dodona, donde hablaba el dios meciendo suavemente las hojas de los robles que ahí crecían.


El Fin de la Edad de Oro

1

La economía del imperio norteamericano experimentó, en estos últimos diez años, una expansión realmente notable. Tres factores posibilitaron este proceso: (1) la brillante política monetaria ejecutada por Alan Greenspan; (2) la expansión del INTERNET y el dinamismo de las industrias de alta tecnología ;y, (3) el "boom" financiero generado por la globalización y los cambios en la tecnología financiera. Como consecuencia, los ciudadanos norteamericanos conocieron una nueva edad de oro. En efecto, el dinamismo económico impulsó el empleo y los salarios reales; el boom financiero posibilitó un incremento en la riqueza y el patrimonio personal de la mayor parte de las familias norteamericanas; la aparición continua de nuevos artículos de consumo y la difusión masiva del INTERNET facilitó la mejora en la calidad de vida al disminuir la monotonía e intensidad de la jornada de trabajo y producir un refinamiento de las costumbres y cultura del pueblo norteamericano.
Las élites norteamericanas se sintieron, finalmente, triunfadoras y, repitiendo el ejemplo de otros intelectuales de imperios ya desaparecidos, proclamaron el Fin de la Historia. ¿Acaso, no habían finalmente descubierto los norteamericanos el secreto tan largamente acariciado por los hombres? ¿No demostraban los hechos consumados la superioridad indiscutible de la sociedad y cultura norteamericana frente a otras propuestas semejantes? ¿Quién sino derrotó en dos ocasiones al Totalitarismo en el último siglo del segundo milenio? Acompañó, por esta razón, a la prosperidad una intensa campaña ideológica que tenía como objetivo fundamental difundir a todos los pueblos del mundo las virtudes de la sociedad abierta y de libre competencia. El proyecto postuló un nuevo orden mundial basado en esto principios, un programa concreto de acción, y una ejecución efectiva en la mayor parte de las regiones del Mundo. Lentamente, en un inicio, y, luego con una velocidad creciente, el nuevo programa consiguió despertar el entusiasmo y apoyo de todas las élites del planeta. Nació, en esta forma, condensado, riguroso, lógico e indiscutible, el Pensamiento Único, la expresión más fina y eficaz de la Civilización Occidental. Reflejo y expresión del mismo fueron los distintos programas de ajuste estructural ejecutadas por todos los gobiernos de América Latina.

2

La Historia, como descubrieron atónitos y estupefactos los habitantes de Nueva York, no terminó. En realidad, siempre su curso acostumbrado y, lentamente, fue alumbrado nuevas posibilidades e insinuando, no obstante el vano afán, de los intelectuales americanos, nuevos y más brillantes caminos. Gradualmente, en distintas regiones del Mundo y el mismo Estados Unidos, aparecieron contradicciones evidentes : guerras de pequeña intensidad, epidemias sin control, conflictos tribales, quiebras , crisis económicas, atentados terroristas ejecutados por los propios norteamericanos y dirigidos contra los mismos norteamericanos, suicidios voluntarios, fanáticos religiosos; y ,niños que, con armas en las manos e impulsados por una violencia incompresible , deciden unilateralmente ultimar a sus compañeros de clase en una escuela pública también norteamericana.
Un temprano reflejo de la fuerza de la historia fue el fin de la prosperidad económica del Japón. La economía más exitosa del planeta , la misma que creció por 30 años jamás interrumpidos a ritmos que fueron la envidia del Mundo Industrial, sufrió , a inicios de la década de los 90, una catástrofe financiera al derrumbarse el índice Nikkei y , con él, todo el sistema financiero del Japón . Desde entonces, Japón, entró a un estado de parálisis que no todavía no logra remontar. Sus millonarios, por supuesto, han dejado de aparecer en los listados que todos los años confeccionan las revistas de negocios editadas por las Casas Editoriales del Imperio y han sido sustituido, quizás con alivio y beneplácito, por nuevas fortunas que esta vez son también norteamericanas.
La segunda advertencia ocurrió cinco después cuando Méjico, el socio predilecto de los Estados Unidos y la primera nación latinoamericana admitida al Club exclusivo del Imperio, descubrió que, a pesar de todos sus esfuerzos, todavía era parte del Extremo Occidente (América Latina). Los campesinos de Chiapas habían decido que el proyecto globalizador americano y el discurso de su clase dirigente, después de todo, sólo los empobrecía y, por esta razón, sólo quedaba protestar. A los pocos meses, estalló la segunda crisis mejicana, y, con ella la secuencia usual de eventos: la devaluación del peso, la recesión, y el paquete financiero salvador. Tampoco, en esta ocasión, los intelectuales americanos notaron la advertencia. ¿No ha demostrado, acaso, los pueblos latinoamericanos a lo largo de la historia una notoria dificultad para asimilar las ideas fundamentales del pensamiento único? Muchos profesores norteamericanos escribieron, en esta ocasión, profundos y meditados ensayos, sobre la influencia de la cultura en el desarrollo económico y programaron conferencias en las principales capitales del Extremo Occidente para explicar nuevamente a los gobernantes de América Latina los principios fundamentales de la sociedad abierta y de libre competencia. El sistema educativo norteamericano es, sin duda, el más eficaz y sólido del mundo. La historia, sin embargo, siguió su curso con la misma fuerza y regida por las mismas leyes.
Tres años después de la crisis mejicana, se desató en el Extremo Oriente, la región de más éxito económico del mundo, una nueva crisis financiera que, dada su magnitud, remeció la estructura fundamental del Nuevo Orden Americano. Tailandia, en un inicio, se vio forzada a devaluar su moneda, y, luego en rápida sucesión todas las nuevas economías emergentes. Después de Asia, siguió Rusia, y, finalmente, América Latina. Con la crisis asiática, terminó la falaz prosperidad de los nuevos mercados emergentes y, el Nuevo Orden, mostró con diáfana claridad sus problemas más importantes. La crisis no fue advertida por las Instituciones Multilaterales como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial. Tampoco fue pronosticado por los numerosos investigadores económicos contratados por la Red Imperial de Información. Para salvar las apariencias, fue introducido el concepto de fragilidad financiera y se postuló la conexión esencial de todo el sistema económico mundial. Los intelectuales norteamericanos notaron, con horror, preocupación, y curiosidad, como las viejas ideas se resistían a morir. Se discutió, por pocos meses, la coyuntura financiera y, finalmente, se diseñaron y ejecutaron planes para combatir los efectos de la coyuntura financiera. La discusión puso, en evidencia, después de 30 años, el grado de corrupción de los dirigentes asiáticos, y, los principales problemas estructurales de las economías del Extremo Oriente. Aunque los asiáticos, han demostrado una mayor capacidad que los latinoamericanos, para asimilar los principios de la sociedad abierta y de libre competencia no han comprendido plenamente sus principios y han cometido , guiados quizás por su excesiva vocación colectivistas, errores fáciles de solucionar y remediar. Deben, también, ellos si desean ser exitosos iniciar un programa de reforma estructural para consolidar y mantener sus éxitos. La Sociedad Americana, por ejemplo, superó, en pocos meses la crisis y el crecimiento y la prosperidad continua su rápido curso.
La Cuarta advertencia se produjo al iniciarse el Nuevo Milenio. Fue menos espectacular, más difícil de advertir, pero tendrá, a las largas consecuencias más profundas y durables. Cuando, en Seattle, los Ministros de Comercio del Mundo, celebraban una conferencia para profundizar la globalización, ocurrieron protestas y manifestaciones que obligaron a suprimir el evento. Estas manifestaciones marcaban el nacimiento del movimiento mundial contra la globalización y, mostraban, la eficacia de la red mundial de comunicación para diseñar nuevas técnicas de organización. El éxito de Seattle mostró, a muchos el camino: la red de computadoras, permitía superar, con facilidad, los mecanismos de control montados por los Estados, intercambiar información y coordinar acciones de protestas simultáneas en diferentes sitios del Planeta. Permitía, así mismo, difundir ideas censuradas, publicar boletines informativos, realizar conferencias de coordinación, es decir, el diseño y discusión de una alternativa al Nuevo Orden Mundial. Quedó, así, claro para todos los descontentos que las protestas deberían tener una naturaleza global. Ante la globalización del capital se debe oponer una respuesta organizada y también global. Después de Seattle, siguieron similares protestas en Génova, Nápoles, Montreal. El FMI y el Banco Mundial, en realidad, no han podido organizar con tranquilidad conferencias de coordinación internacional en un ambiente tranquilo y sosegado. Las muchas páginas de INTERNET se exhiben los símbolos del movimiento global anti-globalización: una bandera roja y un águila negra.
Finalmente, el flujo de la historia llegó a los Estados Unidos. El primer evento se produjo hace ya un año cuando se produjo, finalmente, el derrumbe del índice NASDAQ que marca la cotización de las acciones tecnológicas , y, con él la paralización de la inversión del núcleo más dinámico de la economía americana. Después de la caída del NASDAQ, se paralizó la tasa de expansión del Comercio Electrónico, se interrumpieron las innovaciones en la industria de las comunicaciones y de computadoras, se comprobaron las debilidades de las nuevas empresas virtuales y, como consecuencia, se produjo una caída abrupta en la tasa de formación de capital de los Estados Unidos. Nuevamente, aparecieron los despedidos, las quiebras y los problemas financieros. El ritmo de crecimiento se redujo notablemente, y, las regiones más integradas al corazón económico del imperio experimentaron retrocesos verdaderamente espectaculares. La nación isla de Singapur, por ejemplo, experimentó una reducción de 30 por ciento en sus importaciones y de 15 por ciento en los índices económicos que miden el dinamismo de la actividad industrial. Taiwán, otra nación asiática, estrechamente ligada al núcleo tecnológico de la economía mundial ha experimentado índices similares de retracción económica. En agosto, un mes antes del atentado en Nueva York, la actividad industrial en el mundo estaba prácticamente paralizada: las economías de las naciones más avanzadas del planeta estaban nuevamente en recesión. Es, en este contexto económico que se produce el atentado de Nueva York.

3

Hace dos semanas, los habitantes del Bajo Manhattam, los ciudadanos de la única ciudad cosmopolita del Imperio Norteamericano, tomaron el Metro y se dirigieron, igual como lo hacen todos los días, a trabajar en las oficinas localizadas en los edificios que se yerguen al inicio de Manhattam y que albergan las computadoras que gestionan las bases de datos y la dinámica diaria del mayor mercado financiero del Mundo. No se imaginan que a la misma hora, cuatro aviones partían de Boston secuestrados por un grupo terrorista fundamentalista, usando técnicas no anticipadas y un grado inusitado de planeación y coordinación, en la dirección a Nueva York con el objetivo expreso de estrellarse contra las principales torres de Manhattam. Por esta razón, cuando se produce el primer impacto, no pueden admitir e interpretar los hechos que se suceden con rapidez, y, lo atribuyen a un desgraciado accidente aéreo. Comienzan a arder las torres, llega la Televisión, y la Red Mundial de Información, empieza a difundir las dantescas escenas a todos los ciudadanos del planeta. Veinte minutos después, llega el segundo avión, y también se estrella contra las mismas Torres. Pasado una hora, probablemente atemorizados, los ciudadanos del Imperio y todos los habitantes del planeta ven derrumbarse los edificios, y, una enorme nube de polvo y fuego que cubre toda la isla de Manhattam. Ese mismo día, otro avión se estrella en Washington, contra el edificio del pentágono y otro se derrumba cerca a la ciudad de Pittsburgh. Ese día se producía el mayor atentado terrorista del Planeta y, también, se iniciaba en términos prácticos, con un ligero retraso, el Tercer Milenio y el nuevo siglo XXI. Los terroristas ponían, en evidencia, la debilidad estructural de la red de seguridad interna del Imperio, demostrando cuales eran los supuestos implícitos de la estrategia de Inteligencia Americana y la falta de coherencia de la política exterior de los Estados Unidos.
Ese mismo día se comenzaron a manifestar las consecuencias más inmediatas: se interrumpió la red área de comunicaciones al producirse el cierre del espacio aéreo norteamericano, los habitantes de USA paralizaron sus actividades económicas y dejaron de trabajar para mirar en sus aparatos de Televisión , las noticias que se sucedían en una secuencia que parecía extraída de una película de ciencia ficción, cundió el pánico en los mercados financieros del mundo y tuvieron que ser clausurados las Bolsas que integran junto con Wall Street la Red Financiera que cubre toda la faz de la Tierra. En suma, un día de caos y desconcierto, que abría una nueva coyuntura para el Planeta, con consecuencias, todavía impredecibles.
Wall Street, el principal mercado americano, se vio obligado, como consecuencia de los catastróficos eventos, a suspender sus operaciones por casi una semana y, finalmente, pudo reiniciar sus operaciones el lunes de la semana pasada. La red mundial del transporte aéreo sufrió una experiencia similar. La industria del Turismo que depende estrechamente de la misma experimento inmediatamente los efectos al interrumpirse el flujo de mundial de pasajeros. Los mayores hoteles del mundo estuvieron, la semana pasada, prácticamente desiertos sea por que los turistas o hombres de negocios no pueden viajar sea por que hay una ola masiva de cancelaciones de paquetes turísticos.
Wall Street, en una localización provisional, en New Jersey comenzó a operar el lunes. Al abrir el mercado, se produjo el pánico, cuando los inversionistas decidieron deshacerse de las acciones de las industrias inmediatamente afectadas: aerolíneas y compañías de seguros, principalmente. Ese mismo día, Alan Greenspan, redujo en 0.5 puntos porcentuales la tasa de interés con el propósito de frenar la ola de ventas. Fue imitado por los principales Bancos Centrales del Mundo: El banco Central Europeo, el Banco de Japón, el Banco de Inglaterra, y el Banco de Canadá. La Bolsa, sin embargo, cayó durante todos los días de la semana. Wall Street experimentó así la mayor caída desde la gran depresión, y, sólo comenzó a recuperarse esta semana cuando, finalmente, se estabilizó el mercado. El movimiento financiero piso fin a las esperanzas de una pronta recuperación económica. Los pronósticos más optimistas solo prevén una recuperación para finales del próximo año.
La historia, sin embargo, aún no termina. El gobierno de USA ha extremado las medidas de seguridad y ha llamado a una cruzada Mundial contra el fanatismo Musulmán. El ejército del imperio se encuentra nuevamente en guerra. La flota norteamericana se encuentra en la costa de Asia, vagando, y esperando que los estrategas militares definan cuál es el objetivo militar. Las guerras del siglo XXI, las nuevas guerras, ya no se pelean contra naciones sino contra países invisibles o individuos. Todos, los habitantes del Planeta, observan, curiosos cómo USA, la nación que descubrió el secreto tan acariciado por los hombres de todos los tiempos, lidia con la nueva situación. ¿Que pasará? ¿Ha estallado la guerra de Civilizaciones pronosticada por Hungtinton, el más conocido científico político norteamericano? Nadie lo sabe ni lo conoce con exactitud ya que la historia continua y sigue regida por las mismas leyes.