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La Era de las Ventajas Absolutas


I

Cuando Ricardo creó la teoría de las ventajas comparativas tuvo quizás como motivación fundamental explicar un universo que caía fuera del campo donde operaba la ley del valor, es decir, descubrir las leyes que regulan el comercio internacional. Pocos, sin embargo, se preguntan por qué Ricardo postuló, para los mercados internacionales, una teoría que no era consistente con la teoría del valor, desarrollada en los primeros capítulos de su obra. ¿Por qué consideró necesario introducir una molesta inconsistencia en su sistema y no se limitó a usar los mismos principios que le habían permitido analizar la determinación de los valores en el interior de una nación? La respuesta tiene mucho que ver con otra creación de los tiempos modernos: el Estado nación, una construcción que no puede ser pensada sin un espacio donde rijan supremas las regulaciones que de éste emanan , y, que se manifiestan en la libre movilidad de los factores de producción, capital y trabajo, en el territorio controlado por éste. Sin libre movilidad de factores al interior de un territorio no es concebible un Estado nación. Como la esfera donde se manifestaban los flujos de comercio internacional escapaba del territorio donde indisputable regía la regulación del estado. No había, por esta razón, ninguna inconsistencia: la función que la teoría de las ventajas comparativas en el sistema de Ricardo era hacer explícita las leyes naturales de un espacio pensado como diferente al espacio interior; tan diferente que las leyes naturales que regulaban los fenómenos que se manifestaban se basaban en principios diferentes a los propios del espacio interno y, por esta razón, podía extraerse de los mismos conclusiones también diferentes.

Pero, ¿se mantiene, en los tiempos en que nos ha tocado vivir, esta drástica y radical separación? ¿Acaso, podemos negar la característica más pervasiva del proceso de globalización, la disolución del espacio económico controlado por el estado nación en el espacio internacional o del espacio de los estados nación más débil en el espacio de otros más poderosos? No lo creo. Se hace, por esta razón, indispensable revisar la teoría de Ricardo; e introducir en ella los nuevos procesos que parecen caracterizar la vida económica en esta nueva era de la economía mundial.

Ya, en el siglo XIX, era posible constatar cuán poco apropiado podía ser este postulado de disociación. La expansión colonial europea hacia todo el mundo fue, en realidad, acompañada e incluso reforzada por inversiones de capital en las colonias europeas y de fuerza de trabajo. De hecho el desarrollo económico de Estados Unidos, Sudáfrica, Argentina, Canadá o Australia, con la teoría del comercio internacional de Ricardo, pero el fenómeno en modo alguno provocó, la sustitución de ésta por otra alternativa, ya que éstos fueron interpretados como desarrollos excepcionales; interesantes, sin duda alguna, pero que de ninguna manera ponían la separación que Ricardo uso para construir su sistema. ¿Por qué los economistas podían argumentar de esta manera y considerar como curiosidad los movimientos internacionales de los factores de producción? Por varias razones. En primer lugar, el fenómeno poseía, en realidad una importancia secundaria y no parecía afectar ni alterar las principales tendencias del desarrollo económico de los principales estados europeos. En segundo lugar, la movilidad del siglo XIX era, en lo fundamental, movilidad de capital y no de fuerza de trabajo; de hecho, las conclusiones de la teoría de Ricardo, pueden mantenerse si sólo existe este tipo de movilidad factorial. En tercer lugar, y ésta constituye con toda probabilidad la razón fundamental, el desarrollo de las fuerzas productivas, en el siglo XIX, todavía no permitía la formación de un espacio económico global. En efecto, la tecnología del siglo XIX aún no había alcanzado el desarrollo requerido para volver económicamente viable una construcción de esta naturaleza, ya que la misma requiere para operar como lo hace un espacio económico nacional no sólo el libre comercio de bienes sino el de servicios y de factores de producción. Esto es de una importancia fundamental, ya que todo parece indicar, dos siglos después de la aparición de la Teoría de las Ventajas Comparativas, que el desarrollo de la tecnología hace, por primera vez en la historia de la Humanidad, viable un único espacio económico. Pero, ¿cuáles son los lindes que hacían imposible en el siglo XIX la creación de un espacio global para la operación de la ley del valor? ¿Por qué las potencias europeas no podían ejecutar un proyecto total que agrupara al “Hombre” en un imperio extendido en el planeta y tenían que contentarse con la inevitable fragmentación del mismo en distintas esferas de influencia? ¿Por qué el “Hombre “al mirarse en un espejo no podía abarcar toda la superficie de la tierra sino sólo un espacio limitado y tenía, a pesar de sus afanes, soportar que otros “Hombre” al ejecutar un acto similar vieran en el espejo un lugar también limitado pero diferente? Dionisio, el dios griego de la vida colectiva, lo hacía mejor; éste, cuando se contemplaba en el espejo, veía no sólo a todos los hombres sino a toda la Vida. ¿Era, entonces, Dionisio, superior al “Hombre”?

¿Cuáles fueron los poderosos impulsos que llevaron al poderoso intelecto de Ricardo a postular dos leyes diferentes para explicar un fenómeno tan esencial como el valor, a introducir en su sistema, dos sistemas de pensar, cuya mutua consistencia, en modo alguno, estaba asegurado? Quizás, la observación elemental que , en ese entonces, existían en todas las economías, importantes industrias que funcionaban aisladas de los flujos de comercio internacional; no obstante constituir parte vital del espacio económico interior y, por esta razón, estar sujetas a las determinaciones de la ley del valor. En efecto, a principios del siglo XIX, no permitía el desarrollo de la tecnología superar las barreras naturales al comercio y eran éstas las que convertían a varias mercancías en productos no transables. Pero, hay otra razón, más profunda y misteriosa, una característica peculiar del proceso de producción de ciertas mercancías; un exigencia de la realidad física que establece, en ciertos sectores, sólo de pueda ejecutar un proceso de producción si concurren en el mismo espacio tanto el consumidor como el productor. Era esta exigencia de presencia simultánea, la que, en la práctica, aislaba a casi todo el sector terciario de una economía de los efectos del comercio internacional. No es, en efecto, el sector servicios una parte accesoria del aparato productivo de una economía; de hecho, en muchos países, es el sector más importante, tanto en la generación del producto nacional y el nivel de empleo.

¿Eran, acaso, las bases que justificaban la peculiar inconsistencia del sistema de Ricardo , sólidas y fuertes en el grado necesario, parar mantenerse inmunes ante el avance, por momentos avasallador, de la tecnología y de la Razón Instrumental? En otras palabras, ¿ha hecho más fuerte el progreso técnico la separación entre el espacio económica interior , controlado por el estado nación y regido por la ley del Valor, y el espacio internacional, caótico porque él no puede regir suprema la voluntad de ningún estado nacional y tampoco la ley del valor, o , ha sido uno de sus sesgos esenciales mellar la base material que soportaba esta drástica disociación ? Aunque muchos , especialmente aquellos que aborrecen los resultados aún no definidos, podrían sentirse tentados a contestar de forma afirmativa esta pregunta, su respuesta podría influenciada em demasía por lo que puede ser una fase inicial de la nueva revolución tecnológica de la información. Si bien en una primera impresión, las nuevas tecnologías de transporte aparecidas a finales del siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX, y, en especial, la nueva revolución informativa de los últimos años de siglo XX, parecer neutralizar toda esta disociación, y , por ello, poseen el potencial, para neutralizar toda distinción en un espacio económico nacional e internacional , esta puede , sin embargo, el resultado de un desarrollo desigual de las tecnologías de administración y control social.

De hecho, la tecnología a finales del siglo XX, parecía reunir todos los elementos requeridos para abolir la separación postulada por Ricardo. En efecto, los avances en las tecnologías de transporte , aunque favorecen las zonas planas del planeta y perjudican las regiones montañosas, neutralizan el impacto de las barreras naturales al comercio. De otro lado, las revolución de la información, al mostrar que el aislamiento, es decir el requisito de concurrencia espacial, puede ser superado sustituyendo la presencia virtual por la real y así permitir el comercio internacional de la mayor parte de los servicios. E incluso, como lo demuestra el nuevo fenómeno del «Outsourcing» , levantar las barreras legales que en estos momentos impiden la plena movilidad internacional de la mano de obra; pues éste, el «Outsourcing» no es sino la sustitución del desplazamiento real por el virtual de este factor de producción.


Con ello, parecía, en principio claro, si en los próximos años no se desarrollaran nuevas tecnologías de gobierno que le permitan recuperar a los Estado nación, parte de su capacidad de soberanía, qué estos podrían ser una institución, en principio, obsoleta , especialmente, si su único soporte era sólo el económico. Su voluntad local de poder entorpece el proceso de disolución de los espacios económicos internos e impide una asignación mundial eficiente de recursos al volver más lenta la «perecuación» mundial de las remuneraciones de los factores de producción – trabajo y capital. Ello es así porque la nueva matriz tecnológica parece requerir una división internacional del trabajo basada en el principio de ventajas absolutas y no , en el principio ricardiano de ventajas comparativas.

¿Qué potente criatura puede sustituir a la más noble creatura de la Ilustración? ¿Esta ya dispuesta , parada en el fundamento del Mundo,para extender su prepotente alma sobre la faz del espacio; cuando èste , vacuo, vacío, y sin propoósito, clame por forma? No los sabemos, pero lo realmente curioso es que esta Ignorancia Absoluta no debe , en modo alguno, ser sorpresa; pues ésta, después de un lapso que dura tanto coomo el esplendor de una ola consumida en espuma, muta en ansia y el ansia en miedo y el miedo en estulticia; y ésta puede ser peor vicio que el hybris; ya mientras éste último es la arrogancia de quién pretende ser algo que por naturaleza no le corresponde y aunque destructiva perdura , al menos como recuerdo; la estulticia, conduce a la misma destrucción, pero no posee la misma cualidad del hybris, es decir, la esupidez no se transforma, se disuelve. ¿Y, no son los recuerdos, el único consuelo de las desgraciadas criaturas que los poetas griegos encontraban tan similares a las hojas otoñales del los árboles ?.

De rebus ad noctis initium

Es tan extraño el espíritu del tiempo que nadie parece capaz de anticipar lo que finalmente ocurrirá. Así, a nadie puede sorprender que los pronósticos económicos formulados a principio del presente año sean revisados, porque el escenario que vaticinaron nunca llego a consolidarse. Como las economías emergentes de mayor tamaño y dimensión, experimentaron en el 2009, sólo por breve tiempo los efectos de la crisis, se extendió la opinión que convertía su expansión en la base fundamental del proceso de recuperación. Sin embargo, esta afirmación al finalizar el primer semestre del 2011 sería prematura: en todas ellas desfallece el vigoroso ímpetu que parecía caracterizar su recuperación. Por diversas causas, se impone una nueva coyuntura donde el crecimiento lento parece ser la norma en los países emergentes mientras que el estancamiento domina la dinámica en Estados Unidos y la Unión Europea.

En Asia, el aumento en el precio de las materias primas empuja hacia arriba la inflación, deteriora la balanza de pagos, y, obliga a los bancos centrales a adoptar políticas monetarias restrictivas. Por ejemplo, en la India el Banco Central de Reserva ha aumentado en diez oportunidades el tipo de interés pero éste permanece aún a un nivel inferior a la tasa de inflación. En este mismo país, el gasto del gobierno está fuera de control y el déficit fiscal llega a diez puntos porcentuales del producto interno bruto. Aunque en China, el Banco Central ha procedido de forma similar, el principal problema es la cartera de dudosa calidad de su sistema bancario. En el año 2006, se estimó el monto de estos malos préstamos en 911,000 millones de dólares, pero la suma puede haber crecido sustancialmente, debido a la burbuja hipotecaria y a los préstamos de estímulo otorgados por el gobierno chino. En el Brasil, el principal problema el crédito de los consumidores absorbe el 28 por ciento de su ingreso disponible, una cifra mayor a la de Estados Unidos, y, el gasto del fisco también estaría fuera de control.

Agotada, en las principales economías emergentes, la posibilidad de aumentar la demanda interna, sólo pueden preservar su ritmo de expansión con una agresiva política comercial. Pero, ¿es viable esta estrategia en el momento actual? Ni Estados Unidos ni la Unión Europea se han recuperado plenamente de la recesión del 2008 y el 2009. En Europa, el estancamiento es la norma en el sur del continente, mientras que Alemania, la economía de mayor tamaño, basa su crecimiento en el dinamismo de las economías de Asia, y, por esta razón , ésta y su socios de la UE, pueden resistir cualquier intento de los países emergentes orientado a alterar esta situación. Si bien en Estados Unidos, la recuperación es bastante más fuerte y con un fundamento más sólido, pues se apoya parcialmente en la innovación de sus industrias de alta tecnología, su gobierno no parece estar dispuesto a asumir nuevamente el papel de comprador universal. Además, también en este país no parecen viables nuevas políticas de estímulo monetario o fiscal. En esta coyuntura en las que parecen predominar tantas azarosa circunstancias, sería difícil encontrar factores que operen en opuesta dirección; existen empero ¿Cuáles son estas poderosas fuerzas capaces de contrarrestar esta inexorable tendencia hacia la contracción? En primer lugar la reconstrucción del Japón y el gasto asociado a la misma, en segundo lugar, las innovaciones que se han registrado en sectores claves de industrias de tecnología de Estados Unidos (teléfonos inteligentes, tabletas de computación, tiendas virtuales de música, libros y películas, etc.) y que en este momento impulsan hacia arriba la inversión empresarial de Estados Unidos.

La Danza de Shiva



Sebastián Calvo y Bruno Seminario




I

¿Entienden, realmente, los especialistas en cuestiones internacionales la desconcertante coyuntura internacional o son los acontecimientos tan extraordinarios que desafían incluso a la más fina interpretación convencional? En todo caso no sería la primera vez que la Historia desafía a los economistas al mostrar, espléndida y salvaje, el consumado resultado de su potente energía.

 ¿Quién, acaso, puede ignorar, el desventurado papel de la sabiduría convencional cuando ocurrió la gran crisis de 1929 y las desdichada interpretación de los acontecimientos que en ese entonces inspiró la sabiduría convencional? Irving Fisher, por ejemplo, perdió la totalidad de su fortuna y con ella también su gran reputación cuando días antes del desplome de la bolsa de Nueva York, expresaba, con gran seguridad, que el precio de las acciones no estaba inflado por el desenfreno de los especuladores, sino que éstos habían alcanzado un nuevo y permanente equilibrio. Para Pigou, el maestro de Keynes, el desempleo en Inglaterra sólo era la consecuencia inevitable de la perversa acción de los sindicatos británicos que impedían un ajuste hacia abajo de los sueldos y salarios. A pesar que los datos indicaban que el desempleo afectaba a casi un tercio de la fuerza laboral insistía con vehemencia en tal opinión. De la misma manera que en ese entonces, los cruciales eventos que hoy vivimos, vuelven a superar los lindes de incluso los más atrevidos espíritus. Y, como es natural, en estas circunstancias prevalece la confusión pues sólo del caos primordial puede surgir una solución definitiva.

Porque el Olvido no diluye aún sus formas más interiores, el desastre económico del 2008,  todavía es la fuerza que rige la dinámica de los espacios globales  y es probable que sea esta situación la norma del Mundo  para el  inmediato futuro.  En un breve e intrigante trabajo de divulgación sobre la catástrofe, los profesores españoles Gabriel Tortella y Clara Eugenia Nuñez dicen que la cualidad  característica del fenómeno es la sorpresa, pero una  bastante peculiar, pues no tiene su origen en la llegada de la crisis sino en el hecho de que haya tantos sorprendidos. 

Que esta es una afirmación insólita  puede resultar evidente para los historiadores de la economía y los especialistas más perspicaces ,pues los desastres económicos y sociales son tan antiguos como la historia humana. Pero si esto es así, ¿cómo explicar el masivo estupor, el desconcierto abrumador? Cuestión fundamental que todavía no tiene una respuesta satisfactoria, quizás porque pocos han hecho algún esfuerzo para comprender plenamente su sentido. No se trata de dilucidar si hubo alguien que pudo vaticinar el advenimiento de la crisis, sino de responder  por qué fue desechada la opinión de quienes lo hicieron. Para Paul Krugman, la respuesta se encuentra en la Edad Obscura y en el retroceso  intelectual   que experimentó el espíritu occidental cuando olvidó lo que ya conocían griegos y romanos. Según    Krugman, un desarrollo similar registró la macroecoeconomía  debido al  predominio  intelectual del Neoliberalismo  en general y el de la Nueva Economía Clásica en particular. 


Aunque la Nueva Economía clásica se confunde con el Monetarismo de  Milton Friedman y la escuela de Chicago, quizás, por su fe inquebrantable en la estabilidad del mercado, posee una base metodológica bastante diferente.  La Nueva Economía clásica es una creación de Robert Lucas, Thomas Sargent, Edward Prescott, Robert Barro, Neill Walace y Cristopher Sims,En su mayor parte entrenados en la Universidades de Harvard, Carnegie Mellon y Chicago   donde prosperaron, en los 1960s, las escuelas de equilibrio general, el uso de la programación dinámica, la computación y las matemáticas como medio de expresión del conocimiento económico. En contraste, Milton Friedman y sus principales colaboradores, favorecen  una metodología básicamente empírica, las respuestas parciales, los  modelos de dimensiones reducidas que enfatizan los principales canales de causalidad, y, una forma de expresión que  usa palabras o  un lenguaje matemático bastante elemental.  Así, mientras que cualquier persona educada podía entender lo que decía  Milton Friedman y descubrir sin dificultad  las bases fundamentales de su forma razonar ; para hacer lo mismo con el Nuevo Obscurantismo, es necesario recibir un entrenamiento técnico especial.


Elegancia, obscuridad y sofisticación, que produce un doble efecto: potente atracción en las generaciones jóvenes y  respeto reverencial en  los aficionados, políticos, burocracia estatal, periodistas, ideólogos, etc., los cuales  a lo largo de la historia han demostrado cierta predisposición para aceptar con levedad todo aquello que no pueden entender especialmente si  favorece su inmediato interés.

Se dice con demasiada frecuencia que en el paradigma de la Nueva Economía clásica  son imposibles las recesiones pero ésta es una afirmación  inexacta   que con facilidad podría ser rebatida por cualquier economista que simpatice con las proposiciones centrales del nuevo paradigma. 

En realidad,   todas las figuras centrales de la Nueva Macroeconomía afirman que  pueden explicar las fluctuaciones que exhibe la producción y el empleo en una economía  capitalista   . Es más, sostienen que su explicación es superior a la de Keynes   porque ésta  es consistente con  el postulado de racionalidad , central para la consistencia de la teoría económica.  Para probarlo  elaboraron, entre los 1970s y 1990s,  dos teorías de los ciclos económicos.  Así, en  un modelo  publicado en los 1970s,    dice Robert Lucas que una recesión  es  provocada  por la confusión de los trabajadores y  empresas, los cuales por carecer de información adecuada y oportuna confunden las señales que transmite el sistema de precios, es decir, las variaciones que se explican por el juego de la oferta y la demanda, en un mercado particular, con aquellas  que tienen su origen en el movimiento de la oferta monetaria. En el segundo modelo, creado en los 1980s por  Edward Prescott, esta explicación es desechada  y sustituida por una alternativa en que las fluctuaciones de la producción  tienen su origen en  ritmo irregular del progreso técnico.

Si bien esta forma de razonar puede parecer algo peculiar, más extraordinarias resultan las conclusiones que pueden ser extraídas de estos elegantes modelos. Así, un descenso en la producción no justifica una política económica activista pues ésta sólo aumentaría las penas o disminuiría, en general, el bienestar de cualquier sociedad que la ponga en marcha. Como ésta es la proposición más conocida de la nueva economía clásica, quizás por eso mismo, se tiende a confundir con otra que negaría efectos o potencia alguna a la política económica;  los simpatizantes de la Nueva Macroeconomía nunca ha dicho que  no pueda ella afectar la trayectoria del producto o el empleo de una economía ,empero. Afirman  algo más singular: piensan que el desarrollo que exhibe cualquier economía capitalista es siempre el mejor posible, aunque incluya abruptos descensos en el producto o una masiva desocupación.

Es quizás oportuno, si se desea apreciar con mayor claridad la lógica de los defensores de esta posición recordar , la novela Cándido de Voltaire y a uno de sus personajes centrales, un seguidor incondicional de la filosofía de Leibniz y de su teoría del Optimismo, el Dr. Pangloss.

 Cándido es en efecto una sátira que intenta criticar la inacción que se deriva lógicamente del optimismo postulado por Leibniz. En efecto, el filósofo alemán  postulaba que el mundo en que vivimos es “ el mejor de los mundos posibles”, es decir, una doctrina basada en un “optimismo sistemático” predispuesta a creer que todo lo que ocurre lo hace con un propósito bien definido , sin importar cuán terrible parezca , ni tampoco el daño y destrucción de cualquier evento o fenómeno específico.

Creía, en efecto, Leibniz, al igual que los estoicos de la época helenística, que el universo era regido por el destino, una ley inexorable que no podía ser alterada por la acción humana. Además, ya que Dios tenía el poder de elegir entre infinitas posibilidades, había creado  un mundo optimizado. Es necesario aclarar que la idea de Leibniz es más compleja ya que lo que el filósofo quiere indicar es que Dios eligió la mejor de todas las posibilidades entre un conjunto de mundos posibles  donde en todos existe el mal.

En Cándido, el Dr. Pangloss  está  predispuesto a la inacción absoluta. Cuando, por ejemplo, ocurre el terremoto de Lisboa ,que produce la muerte de 30.000 personas, Pangloss, firme en su optimismo, establece que el desastre ocurrió para el mejor de los propósitos ya que es imposible que esto no sea así. Cuando llega a Inglaterra y es testigo de la ejecución de un almirante por no haber ganado una batalla nava; piensa, Pangloss que después de todo es bueno ,de cuando en cuando, ajusticiar almirantes para animar a otros a cumplir con su trabajo.

Caracteriza también a la Nueva Macroeconomía una  visión bastante   peculiar que desecha  cualquier diferencia entre riesgo e incertidumbre, el  cambio abrupto y discontinuo y  el papel de los  eventos catastróficos en la historia humana.

Según esta forma de concebir el mundo, las  expectativas de los agentes económicos pueden  siempre calcularse, expresarse en forma bien definida  y así  reducirse a  simples condiciones matemáticas que coinciden con  valores esperados de las distintas variables económicas. 
Este tratamiento de la probabilidad como algo objetivo e independiente de la historia y estado inicial de una economía , desempeña un rol crucial en la teoría  financiera de los mercados eficientes, en el  tratamiento de la política económica,  y,   en la dos teorías del ciclo económico que propone la Escuela. En la monetaria  porque sin ella  las políticas públicas son siempre relevantes; en la teoría real para  poder presentar al progreso tecnológico  como  un proceso predecible y regular.

Frente a este tratamiento del riesgo y la incertidumbre, podemos oponer  las opiniones de   Frank H. Knight y John Maynard Keynes, quienes pensaban que  sólo el riesgo y no la incertidumbre pueden expresarse en forma cuantitativa  pero que era la incertidumbre la base de las decisiones económicas. También, comparar el paradigma de Prescott del progreso técnico, con el tratamiento de Schumpeter, basado en el estudio de las innovaciones y revoluciones tecnológicas que no pueden reducirse a  simples aumentos de productividad. 

II

¿Se vislumbra ya alguna solución para estas intratables y espeluznantes cuestiones de política? ¿Cuáles son, en todo caso, las distintas visiones en concurso en este debate tan singular? ¿Hay una solución viable o es tan intricado el entrampamiento que sólo puede ser desbaratado por la más gigantesca y ruinosa conmoción? Nadie por ahora puede saberlo con certidumbre absoluta; pero gracias al gentil esfuerzo de  los economistas que aceptaron las proposiciones de la Nueva Economía Clásica y de  otros especialistas interesados en el tema  podemos por lo menos orientarnos e identificar las distintas propuestas.

En el Cisne Negro, El Impacto de lo Altamente Improbable, Nassim Nicholas Taleb, un filósofo y ensayista libanés, se desarrolla una visión del riesgo similar a la propuesta por Knight y Keynes. Según Taleb, el Cisne Negro es un suceso con tres atributos esenciales: rareza, impacto tremendo y predictibilidad retrospectiva. Es raro pues nada en el pasado puede señalar de modo totalmente convincente su posibilidad.  Tremendo y decisivo su impacto, porque es capaz  porque es capaz de alterar el curso de la historia.  Predecible retrospectivamente por el rechazo de la naturaleza humana a cualquier existencia sin sentido. Como consecuencia no puede dejar de inventar “explicaciones”  para racionalizar su existencia y así olvidar al suceso en el futuro. 


¿Explican, acaso, estas fábulas  el   masivo desconcierto  generado por la nueva crisis?  Que  el olvido sólo haya sido parcial, dada la política económica que contuvo parcialmente los efectos, en modo alguno, niega esta posibilidad: la política fiscal y monetaria de la  Unión Europea y el programa económico del Partido del Té en Estados Unidos demuestran, con claridad, que funcionan con gran eficacia.


En cualquier caso, la coyuntura que domina la economía mundial desde el 2009, encaja perfectamente en esta definición.  Si bien  hubo quienes pronosticaron la debacle de la banca de inversión, no hubo nadie que pudo hacerlo de un modo totalmente convincente.  ¿Hubo, acaso, alguien capaz de vaticinar el terremoto del Japón, las revoluciones del  Oriente Medio,  el extraño comportamiento del clima, la enigmática popularidad del partido del Té en los Estados Unidos, el rápido descenso de la popularidad del nuevo presidente de los Estados Unidos o el extraño comportamiento del sol?  Una masiva sucesión de eventos altamente improbables que generan, en la economía mundial, un desorden masivo sino que modifica las bases mismas que impulsaron a la nueva  globalización. 

Extraños eventos que no aparecen aislados o espaciados en el tiempo sino en desconcertante concurrencia  que multiplican su potencia. Por ejemplo, no es el clima la única causa que explica el rápido aumento que registraron en estos últimos meses los alimentos, sino también la política monetaria de los Estados Unidos y de los países de Asia, aunque quizás haya jugado un papel en el desarrollo de las revoluciones del Medio Oriente y el rápido aumento en el precio del petróleo. Y,  ¿no son  estos sucesos los que justificaron  parcialmente la  desconcertante política económica de los nuevos gobiernos conservadores de la Unión Europea?

No podemos comprender el impacto  de esta insólita constelación de fuerzas, sin recordar cuáles fueron los  procesos  que  dominaron  la nueva globalización  y el efecto  que la misma ejerce sobre éstos.Dos procesos parecen haber dominado la dinámica de la  II Globalización  que se inició en los 1980s.  El primero correspondió a la conjunción de internet con la tecnología financiera que produjo el esquema de finanzas estructuradas y un gran crecimiento de capital financiero en todas partes. Como consecuencia, aparecieron muchos instrumentos financieros que parecían seguros, pero no lo eran. A este proceso correspondió el primer cisne negro, la crisis del 2008 que hizo caer la demanda agregada en todo el mundo. El segundo proceso fue una revolución de la  logística, hecha posible  por el precio  relativamente bajo de la energía que prevaleció  en los 1990s y por la reducción de fletes entre Asia  y el resto del mundo, gracias a la introducción de los contenedores en el transporte marítimo. Gracias a esto fue posible crear grandes cadenas productivas que operaban a nivel internacional mediante la deslocalización de fábricas, como consecuencia, surgió un alto dinamismo entre los Estados Unidos y Asia, así como cambios en la red de comercio entre China y otras economías asiáticas, las cuales, antes enviaban productos a los Estados Unidos, ahora es posible enviarlos a China, que se encarga de convertir la materia prima en productos manufacturados y enviarlo a los Estados Unidos. Eso permite diseñar los productos en un lado, producir las partes o materia prima en otro y ensamblar o manufacturar en un lugar distinto. Como consecuencia, se tiene una reducción significativa de los inventarios en todas las partes involucradas, lo cual ha cambiado radicalmente el sector servicios en los Estados Unidos, llevando, por ejemplo, a la desaparición de las comercializadoras pequeñas.

El problema con estas cadenas es que inicialmente presuponen que el tráfico de mercancías no se va a interrumpir por un choque -se interrumpiría este tráfico de mercancías solo ante un evento geopolítico como una guerra, o un evento natural inesperado que afecte a un componente importante de la cadena- en ese sentido, el terremoto de Japón es importante porque muestra la vulnerabilidad del sistema. Dada la importancia de la economía japonesa como nodo de la cadena productiva, esta puede quedar completamente paralizada ante un choque. Si Japón es el único fabricante de piezas que, aunque pequeñas, son necesarias para la fabricación de ciertos productos (sin ser necesariamente las más importantes), su paralización puede detener la producción por completo. Un caso muy particular fue la demora en el lanzamiento de la segunda versión del iPad de Apple, que se retrasó luego del terremoto debido a que algunos componentes (baterías y una pieza que funciona como compás) sólo eran producidos en Japón.

Esta posible paralización de la cadena productiva tiene una implicancia importante para las empresas que siguen este esquema, ya que, cuando se valorizó estas empresas no se consideró el riesgo de paralización de la cadena. Si bien una empresa que opera desintegrada, sin inventarios, tiene menos costos, está expuesta a mayor riesgo. Una cadena de este tipo carece de redundancia, lo que la hace, al menos en apariencia, más eficiente, sin embargo, el costo por redundancia que se evita al descentralizar el proceso productivo implica una pérdida de flexibilidad y de capacidad de respuesta ante eventos inesperados, al no incorporar componentes redundantes quedaron vulnerables a eventos que implican un costo de paralización no anticipada y, dado que fueron valorizadas con distribuciones normales (que subestiman el costo esperado de eventos catastróficos de baja probabilidad), aparentan un valor mayor al verdadero.

En el corto plazo, se verá un aumento más o menos persistente de la inflación, los Estados Unidos han tenido la tasa de inflación más alta en mucho tiempo, mientras que en Inglaterra esta es alrededor de 5%, este incremento tiene implicancias importantes para la política económica, pues, al impedir mantener la política monetaria actual, los bancos centrales se van a ver en la necesidad de subir la tasa de interés, lo cual, resulta complicado dada la coyuntura, ya que muchos países aún no terminan de salir de la recesión.

Los países afectados por los choques de oferta (o geopolíticos) son Japón y los países árabes, que son, después de China, las fuentes más importantes de fondos financieros. La participación combinada de Japón y los países árabes en los bonos del tesoro norteamericano probablemente sea casi tan grande como la de China (aproximadamente el 45%). Esto significa que van a haber presiones hacia la subida de la tasa de interés de los Estados Unidos, lo cual dificultará la política monetaria de la Reserva Federal. 

Por otro lado, Japón es una fuente de fondos barata para el capital especulativo. Los especuladores se llevan el capital a Londres, de donde lo recanalizan a otras partes del mundo, como la bolsa norteamericana y los grandes países emergentes como Brasil. Este canal funciona correctamente mientras Japón produzca un excedente de fondos, por lo que ante una paralización de la economía japonesa el sector especulativo va a empezar a descender.

Limitar el análisis a esto, sin embargo, sería negar la estrecha relación entre los movimientos de la economía y la política, es muy probable que, si aumenta la inflación, se incremente también el descontento popular ¿Qué ocurrió con los programas para reactivar la economía mundial? No sería extraño que surjan dudas sobre la efectividad de estos y los gobiernos de turno. Habría, entonces incentivos para reactivar partidos nacionalistas, como ya está ocurriendo en Europa, donde los gobiernos conservadores están implementando programas de restricción fiscal. Mientras tanto, en los Estados Unidos se puede apreciar el crecimiento del Tea Party y la tendencia del partido Republicano, que controla varios Estados, de llevar a cabo políticas para recortar el gasto público. Resulta interesante cómo los cambios en los países árabes van a afectar a los países industriales si no se remedia la situación.

La industria que más ha sido golpeada por estos choques es aquella con la que los países querían cambiar su estructura energética. La energía nuclear había sido “vendida” como una fuente segura y limpia. Sin embargo, luego del terremoto, muchos países van a retardar sus planes de inversión o eliminarlos totalmente y la mayoría probablemente va a buscar alternativas, esto presionará la demanda por petróleo y aumentará aún más su precio. Es también probable, sin embargo, que haya una tendencia hacia desarrollar tecnología de fuentes de energía alternativa como las solar y la eólica, que cambie la estructura energética.

En el mediano plazo habrá efectos de la recuperación de Japón, dado que es un país tradicionalmente superavitario -la reconstrucción japonesa puede prolongarse más allá de lo anticipado-. Si bien se puede reconstruir bastante en seis meses, la reconstrucción total puede demorar hasta dos o tres años, entonces, el superávit se reducirá e incluso la cuenta corriente entre Japón y los Estados Unidos podría volverse deficitaria, lo cual, puede generar también efectos de largo plazo, pues ahí el valor de la moneda es determinado por la cuenta corriente.

El choque también tendría consecuencias de largo plazo sobre la estructura de determinadas industrias. Si Japón no arregla a tiempo sus problemas logísticos puede perder el dominio que tiene en determinadas cuestiones industriales. Por ejemplo, si comienzan a escasear los Toyota y la desordenación de la cadena logística no se arregla luego de año y medio, los consumidores van a preferir comprar otro carro. Incluso es posible que, si la paralización se generaliza, se cuestione la sensatez de estas cadenas de producción, pues ha quedado en evidencia la fragilidad de una economía completamente descentralizada. ¿Qué más depara el futuro? ¿A que otros vaivenes estará sometida la economía mundial? Resulta demasiado pronto para decirlo, a fin de cuentas, alguna vez se creyó que todos los cisnes son blancos.

III

En   su estudio sobre las Crisis y los Ciclos Económicos publicado en 1939, Joseph Schumpeter,   una de las teorías más conocidas y fascinantes de los ciclos económicos.  Según la misma,  hay en una sociedad industrial ciclos de diferente longitud   y dominados por distintos fuerzas : el ciclo de Kitchin de corta duración expresaba la dinámica de los planes de  producción y de los inventarios,  el de Juglar  que duraba entre ocho y onece años los programas de inversión en  infraestructura o capital fijo y el de Kondratieff que duraba  casi medio siglo el  impacto de las innovaciones tecnológicas.

No debemos confundir una innovación con un mero cambio en la productividad ni creer que la misma tiene un carácter estrictamente material.  Hay innovaciones de distinta clase:  institucionales ( nuevas formas de gestión empresarial  y regulación estatal), políticas ( la aparición en la escena mundial de un país de dimensión continental como  Estados Unidos al finalizar el siglo XIX o China  al finalizar el XX, y, técnicas ( la máquina de vapor, los ferrocarriles, los materiales sintéticos, los bienes de consumo durable y las computadoras).

Según Schumpeter, cuando   se introduce una innovación en la economía sigue un período de rápido crecimiento  porque la misma expande las  dimensiones de la división del trabajo tanto en un  sentido horizontal como vertical.   Cuando ésta hace aparecer nuevas industrias y productos, hay una expansión horizontal, que  altera la demanda de los consumidores, la estructura de la industrias   , los métodos de organización del trabajo y las exigencias de las instituciones educativas. La conmoción que produce depende de su transcendencia  pero  todas provocan un aumento transitorio en la rentabilidad de  las inversiones y la ejecución de un programa de inversiones  de larga duración.

Es importante mencionar que el estudio de los ciclos de Kondratieff  es una  empresa   que es por varias razones bastante atrevida.  En efecto, su comprobación estadística requeriría de la observación de un número significativo de “revoluciones tecnológicas”  y ello, dada la breve existencia de las sociedades industriales, es algo imposible. También, las técnicas estadísticas usuales no están bien adaptas para estudiar  sucesos  discontinuos y poco frecuentes y procesos estocásticos no lineales y no estacionarios.    Sin embargo, en un extraordinario ensayo[1], A Spectral Analysis of World GDP Dynamics: Kondratieff Waves, Kuznets Swings, Juglar and Kitchin Cycles in Global Economic Development, and the 2008–2009 Economic Crisis, Andrey Korotayev y Tsirel Sergey,  investigadores de Academia de Ciencias  de Moscú y de la Universidad Técnica Plekhanov de San Pestesburgo,  afirman haber detectado la presencia del ciclo de larga duración en un serie que resume la dinámica del PIB Mundial para el período comprendido entre 1870 y el 2007.

En este mismo trabajo, los autores  enumeran  las revoluciones tecnológicas que habrían ocurrido en la era del capitalismo industrial: (1)la primera revolución industrial ( 1790-1851); (2) la era  del vapor y el ferrocarril (1851-1896) ; (3) la era del acero y la electricidad (1896-1950); (4)  La edad de oro del capitalismo (1950-1991) ; (5) la era de la información ( 1991- 2030?). 

Aunque existen modelos alternativos de periodización   que postulan una reducción en la longitud del ciclo de larga debido a la aceleración del progreso  de la ciencia y la tecnología,  todas señalan  tecnologías y desarrollos esencialmente similares. Cada revolución tecnológico pueden subdividirse en fases de menor longitud . Así, en el modelo más simple  se  distinguen dos etapas, la prosperidad y la crisis, pero esquemas más complicados  postulan una división alternativa en fases de 17 años de duración , denominadas ciclos de Kuznets.

Sea cual fuera la interpretación,  la discusión  nos puede permitir tres etapas en la revolución de la información.

La primera etapa correspondió a la popularización de las computadoras y su uso en forma aislada. Como consecuencia de esto, apareció una multiplicidad de industrias y nuevos productos en mercados relativamente poco concentrados, donde había muchos ofertantes, tanto en hardware como en software.

La segunda fase fue dominada por la aparición de internet y por las redes de computadora, primero locales y luego globales. La tecnología de conexión que usaban estas computadoras, sin embargo, era de banda angosta. El contenido que circulaba en el Internet consistía básicamente de textos, programas o productos virtuales  apropiados para esta situación.  En esta se produce  cierta concentración tanto por el lado del hardware como el de software. Las grandes empresas que dominaron el mercado en esta etapa fueron Microsoft que controlaba el sistema operativo más popular , Windows, y  el programa de mayor uso,  Microsoft

Al parecer, en los próximos años, se iniciaría una nueva etapa marcada por la desaparición de las computadoras especializadas en actividades generales, las cuales serán sustituidas por dispositivos de naturaleza más especializada: teléfonos inteligentes, televisores inteligentes, consolas de videojuegos.

 La principal diferencia de esta fase respecto a las anteriores es el internet de banda ancha. A diferencia de lo que ocurrió en las dos anteriores, los productos que dominan esta fase de la revolución tecnológica, más que nuevos, son sustitutos de productos antiguos. Por lo cual es posible que este dinamismo tecnológico haga desaparecer ramas enteras del sector servicio. Así como está ocurriendo con negocios como las librerías, que han sido desplazados en países desarrollados por servicios como Amazon, nuevos servicios han empezado a sustituir medios como la radio y la televisión. El más claro ejemplo es la iTunes Store de Apple, que ofrece audio, video y aplicaciones para dispositivos de la compañía. Existen también otros servicios como Hulu, que ofrece televisión digital por suscripción, y Netflix, que permite descargar y ver películas instantáneamente.

En esta nueva fase, las computadoras dejarán de ser autosuficientes y su funcionamiento dependerá crecientemente del acceso que tenga el usuario al internet. El software instalado en las computadoras será sustituido en su mayor parte por aplicaciones en línea y los contenidos pasarán de los discos duros a estar almacenados en distintos servidores a los que se podrá acceder por internet. Ello ya está provocando una revisión de los sistemas operativos antiguos a favor de sistemas nuevos distribuidos, tendencia que está tomando fuerza con el lanzamiento del sistema opreativo de Chrome OS, sistema operativo de Google, y la próxima versión del OSX de Apple, que busca integrar su sistema operativo de teléfonos y el de computadoras.

En la nueva industria, el esquema básico estará basado en la generación de una gran tienda virtual para distribuir contenidos informáticos, como música, televisión, películas y software y en la creación de una gigantesca red de ofertantes hacia estas empresas, que se encargarán de organizarlos y su contenido. Es obvio que los efectos de esta fase pueden determinar la desaparición de ramas que ahora funcionan de forma independiente. Por ejemplo, una compañía aislada de televisión por cable difícilmente va a poder competir con otra que proporcione contenidos digitales, pues su servicio se torna redundante, del mismo modo que  mucha gente ha empezado a optar por no comprar periódicos y prefiere informarse por internet. En general, en esta fase hay mucha sustitución de productos por parte de los consumidores.

¿Qué dinamismo adicional  inyectaría en la economía mundial esta tercera fase? En primer lugar, resulta obvia la necesidad de inversión sustancial en fibras de alta velocidad e inversión adicional para la sustitución del cableado de cobre por fibra óptica.  Inclusive, en muchos casos, la ubicuidad de los nuevos artefactos hará que se ceda ante la tecnología inalámbrica en perjuicio de la tecnología de cableado. Es necesaria, además, inversión adicional en software para sustituir los sistemas viejos por los antiguos y en la creación de los nuevos productos. La desaparición de otras industrias y la desinversión, sin embargo, impiden conocer con certeza cuál será el resultado neto. ¿Qué más depara el futuro? ¿A que otros vaivenes estará sometida la economía mundial? Resulta demasiado pronto para decirlo, a fin de cuentas, alguna vez se creyó que todos los cisnes son blancos.











[1] El lector interesado puede recuperar este ensayo  sin costo en la siguiente dirección electrónica http://www.escholarship.org/uc/item/9jv108xp#page-28.

Después de la Crisis

 ¿Por qué las mayores economías del Mundo, Estados Unidos, Japón y la Unión Europea, muestran tan pobre desempeño? Aunque los planes de estímulo económico permitieron contener los efectos de la Crisis, no parecen conducir al Mundo a una nueva era de prosperidad global sino a una cuya norma fundamental parecería ser el estancamiento secular y el retroceso general del proceso de globalización. Para Olivier Blanchard, economista principal del Fondo Monetario Internacional, una recuperación sostenible, balanceada y vigorosa , presuponía el logro de dos objetivos. En primer lugar, el abandono gradual de los programas de estímulo fiscal y su sustitución gradual por la demanda privada. En segundo lugar, cierta modificación en el modelo de desarrollo de China, la India y otras economías emergentes, para disminuir el papel de los mercados externos y aumentar el del mercado interno. Pero, las tendencias recientes nos muestran, con claridad, que el dinamismo de la inversión y el consumo privados en los países de mayor desarrollo relativo, es aún insuficiente, sea por el aumento en la tasa de ahorro personal, la debilidad del sistema financiero, la depresión del mercado hipotecario o el escaso dinamismo del progreso técnico. Tampoco se nota un cambio importante en el modelo de desarrollo de los grandes economías de Asia, continúa la acumulación de reservas internacionales, la política de resistir la apreciación de la moneda nacional y una lógica mercantilista domina todavía sus principales decisiones de política.Que la economía mundial crezca 4,8 por ciento en el 2010, no debe sorprendernos sino la enorme dispersión de los distintos resultados regionales y la debilidad que muestra la recuperación en los economías avanzadas. Según el Fondo Monetario Internacional, en el presente año, el producto de estos países crecería sólo 2,8 por ciento; un resultado tan modesto que ni siquiera permite recuperar el nivel de producción de antes de la crisis.


Nos dice la Oficina de Análisis Económico de los Estados Unidos que la economía de este país , en los últimos cuatro trimestres, creció a un ritmo promedio de 3 por ciento anual, pero también que el vigor de la recuperación, después de alcanzar un máximo en el IV trimestre del año pasado, se agotó con sorprendente rapidez.




Pero, ¿qué determinaciones rigen este desarrollo tan peculiar como desconcertante? Tres son las fuerzas que parecen impulsar la expansión de la economía de los Estados Unidos: la inversión en inventarios, el crecimiento exportador, la innovación tecnológica y la aparición de nuevos productos. También tres son los determinantes de su debilidad: la depresión de la construcción, el endeudamiento de las familias y la falta de competitividad internacional. En el cuadro, detallamos el balance de estas fuerzas, su influencia en el crecimiento y su dinámica de corto plazo.

¿Cuál fue el desarrollo decisivo que detuvo la recesión y provocó la recuperación? Sin duda, la agresiva política monetaria que ejecutó el Banco Central de los Estados Unidos, pues fue ésta la que permitió superar la parálisis del mercado de crédito de corto plazo, normalizar las operaciones de corto plazo de las empresas, el gasto de consumo de las familias, la distribución interna de los productos y el comercio internacional. De hecho, la expansión exportadora y la acumulación de inventarios, explicaron casi la totalidad de la recuperación; fuerzas de corto plazo y de efecto transitorio, empero , porque en el primer semestre del presente año se convirtieron en el principal factor de la desaceleración.

Sin embargo, el curso de la política económica no agota la complejidad del proceso, pues ciertos factores de largo plazo contribuyeron al dinamismo. En efecto, en los últimos tres años , con la aparición de nuevos procesadores de bajo consumo de energía , el desarrollo de la televisión digital y el desarrollo del internet de banda ancha, han aparecido en el mercado nuevos bienes de consumo durable,computadoras portátiles de bajo costo, teléfonos inteligentes, sistemas operativos , redes sociales , tabletas electrónicas (IPAD), nuevos mecanismos de distribución de los contenidos digitales, que han impulsado el dinamismo de las industrias de alta tecnología. Este cambio técnico desempeño un papel crucial en la primera mitad de este año ; no sólo en Estados Unidos sino en la recuperación de las economías asiáticas más avanzadas. Por ejemplo, en el II trimestre del presente año, explicó casi el cincuenta por ciento del crecimiento de la economía estadounidense y probablemente impidió que se materializara un nuevo descenso en el producto, cuando se agotó el efecto del impulso fiscal y de la política monetaria .

¿Puede salvar este dinamismo tecnológico superior a la economía de los Estados Unidos de un largo período de estancamiento? No lo sabemos aún. La nueva ola de innovación tecnológica parece tener un alcance más limitado al de los 1990s, pero todavía no hemos presenciado la totalidad de los nuevos desarrollos. Además, Estados Unidos no disfruta, en esta oportunidad, del monopolio del nuevo cambio técnico. Las economías asiáticas más avanzadas, como Japón, China y la India, controlan varios aspectos fundamentales del proceso. Aunque los nuevos procesadores electrónicos se diseñan en Estados Unidos, es en China y Japón donde se localizan las fábricas que manufacturan los nuevos productos, y en la India donde se comienza a realizar la programación de uso general.

La Nueva Coyuntura Mundial

Bruno Seminario
Profesor de la Universidad del Pacífico



En los últimos cuatro meses, las oficinas de Estadística de las principales economías del Mundo nos han permitido conocer cuál fue la marcha de la producción mundial. Una breve y superficial revisión de la nueva información demuestra cuán vigoroso y rápido ha sido el proceso de recuperación. Por ejemplo, la producción industrial de Estados Unidos, en el mes del mes de Abril, del presente año, registró un crecimiento anualizado de 5,2 por ciento; en Asia, los resultados son aún más espectaculares y para ilustrar los mismos podríamos señalar que la tasa crecimiento anualizada de la producción industrial de Japón , Corea del Sur, y, China, en el mismo mes , fue 25,9, 19,9 y 17,8 por ciento , respectivamente; incluso en Europa, la nueva información revela un desarrollo similar: el crecimiento de abril de la producción industrial de Alemania fue de 13, 2 por ciento y de toda la Zona del Euro de 9.5 por ciento.


Pero, esta coyuntura tan esplendorosa, ¿debe llevarnos a pensar que terminó la primera gran crisis del siglo XXI? ¿Viene después del colapso financiero y el derrumbe del mercado, un nuevo período de expansión mundial que exprese con mayor claridad el nuevo papel de China, la India, Rusia y Brasil en la economía Mundial? Aunque no podemos desechar con absoluta certidumbre, este vaticinio tan optimista, podríamos cometer un grave error de juicio, si aceptáramos este pronóstico, sin analizar, los nuevos y peligrosos desarrollos que se han registrado en Europa, a partir de mayo, pues estos sugieren el inicio de una nueva fase del proceso.

Podemos, en primer lugar, que las espectaculares tasas de crecimiento que registra la producción industrial en todo el mundo, son una mera reflexión estadística de la intensidad de la recesión. Así, las economías que experimentaron el año pasado los descensos más abruptos, son aquellas, en los primeros cuatro meses del 2010, que muestran los aumentos más notorios. Tampoco estos resultados incorporan el impacto de los nuevos desarrollos, pues éstos sólo han de expresarse, con claridad, a partir de mayo. En efecto, si algo expresa esta rápida y contundente recuperación, es la efectividad de las políticas de estímulo keynesianas. A pesar de este éxito, aún no han aparecido en el mundo, un nuevo conjunto de industrias, capaces de reemplazar a las mismas, en la generación de la demanda agregada. Hubo el año pasado, algunas innovaciones tecnológicas que pueden estimular la inversión privada y así ofrecer un mecanismo de crecimiento que sea independiente del Estado. Sin embargo, su alcance parece muy limitado: televisión digital de alta resolución, nuevos teléfonos y modelos de computadoras, lectores de libros electrónicos, etc. Pero, nadie prevé para el futuro inmediato una nueva revolución tecnológica de la misma extensión como la que ocurrió en los 1980s.

Sin ella, el dinamismo de la demanda interna, depende en lo fundamental de la política fiscal y monetaria, y, de las medidas de estímulo al comercio exterior. Como el segundo factor, se limita a redistribuir el dinamismo de un país a otro, sin afectar la demanda mundial, el único factor relevante para el mundo como un todo sería la política económica, la frágil y nerviosa psicología de los inversionistas financieros y la coordinación internacional de las políticas económicas.

El gran problema es que la política económica actual es claramente insostenible y decidida por las autoridades de los distintos países sin considerar el efecto probable de la misma sobre otras economías o el mundo como un todo. Ello es así porque la globalización económica ha avanzado a un ritmo más rápido que la política, la disminución de la importancia de las Instituciones Internacionales, como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, y, la ineficacia de la actual arquitectura financiera internacional. En estas circunstancias, la ausencia de coordinación de las políticas económicas nacionales, puede generar con facilidad una nueva recesión.

En Europa, la recesión ha provocado una transformación política gradual de la Unión Europea, es decir, la sustitución de gobiernos socialdemócratas por gobiernos conservadores. En Estados Unidos, hubo un cambio en la dirección opuesta.

Como la ideología conservadora no tiene simpatía alguna con la expansión del Estado o la política keynesiana, estos nuevos gobiernos han anunciado que retirarán las medidas de estímulo fiscal, pues temen que la expansión del gasto público pueda generar un aumento en la tasa de inflación.






El gran problema es que una política de esta naturaleza, en un sistema de tipo de cambio flexible, tiende a provocar una apreciación del dólar respecto al euro, un aumento de las exportaciones de toda la zona del euro y un disminución de sus importaciones. Podemos comprender el impacto de estas políticas, con ayuda de la figura adjunta. En ella, hemos dividido el mundo en tres zonas: Estados Unidos, la Zona del Euro, y, China. En azul, pueden leerse las exportaciones de cada región hacia las otras zonas , y, en rojo sus importaciones. El valor que corresponde al año actual se representa en el color correspondiente, y, sin color el que corresponde al 2009. En particular, China mantiene un superávit con Estados Unidos y la Zona Europea, pero la Eurozona un superávit comercial con los Estados Unidos. Sin duda, la apreciación del euro y la desigualdad en las tasas de crecimiento entre ambas regiones, puede aumentar el valor de este superávit. En un artículo reciente publicado en el Financial Times, Fred Bergsten, estima que el superávit comercial de la Zona del Euro, mantiene con Estado Unidos, podría alcanzar 300 billones de dólares, y, así duplicar el valor que tuvo el déficit estadounidense en el 2006.

Es obvio que esta amenaza puede provocar una respuesta por parte de Estados Unidos que tenga como objeto contener los efectos económicos y financieros de este nuevo desarrollo. Aunque no conocemos aún cuál será la respuesta del gobierno estadounidense, no sería sorprendente que haya una guerra comercial entre Estados Unidos, China y la Zona del Euro. En efecto, el gobierno de Obama no parece estar dispuesto a tolerar la política mercantilista de los gobiernos asiáticos y los nuevos gobiernos europeos.

El Futuro de la Economía Mundial


Bruno Seminario

Profesor de la Universidad del Pacífico

Nos dice la tradición que fue Simónides de Ceos quien inventó el Arte de la Memoria: la técnica mnemotécnica que explican los antiguos tratados de retórica, entrena la memoria y le permite a un orador pronunciar con extrema exactitud y sin auxilio artificial, un discurso extenso. Propia de una civilización que aún no contaba con la tecnología para apoyar un recuerdo fácil, era indispensable para el ejercicio de la política en las ciudades del mundo clásico; pero, no es su función, lo más sorprendente sino su base conceptual. Porque el recuerdo sólo se hace vivo y transparente por la emoción intensa, el Arte dependía de una psicología práctica que conocía que el recuerdo podía ser estimulado por extremas imágenes visuales[1].

Que la Memoria artificial es extrema y estimulada por visiones vehementes es una hipótesis que puedo aceptar con facilidad, sino ¿por qué los libros de historia otorgan una atención desmesurada a las personalidades de las eras de convulsión y no a aquellas que pertenecen a las más tranquilas? Por ejemplo, la trágica figura de Juliano, el siglo pasado, ejerció sobre poetas, literatos y filósofos, una poderosa atracción, gracias a su peculiar personalidad y su intento fallido de revivir el paganismo. Empero, ¿no resulta incomprensible este interés tan abrumador, especialmente, cuando consideramos la corta duración del reinado del emperador en cuestión?

Debo interrumpir, por razones de espacio, esta breve digresión, pero antes de hacerlo me gustaría usarla para mostrar, en primer lugar, que los factores que rigen la dinámica de atenció0n humana puede responder a determinaciones que poco tienen que hacer con la realidad objetiva o la lógica más elemental. En segundo lugar, el recuerdo y el olvido, puede ser regido por poderosas fuerzas instintivas, visiones penetrantes pero concentradas en aspectos parciales de la realidad.

Hago estos comentarios porque después de leer varios documentos sobre la evolución de la economía mundial, me resultó evidente que su característica más distintiva no es su contenido sino la manera peculiar como interpretan el desastre financiero que ocurrió el año pasado. En efecto, tanto los gobiernos como las instituciones internacionales, en sus informes, parecen más interesados en justificar las principales decisiones de política y promover el optimismo, que en mostrar el curso probable de los desarrollos macroeconómicos.

Ni siquiera una institución tan polco comprometida con la desregulación y el neoliberalismo como la CEPAL, se salva de esta curiosa tendencia. Aunque el Estudio Económico para América Latina, publicado por esta institución en el mes de julio, menciona que vivimos en un momento crítico del desarrollo de América Latina, y, ofrece un excelente análisis de los efectos de la crisis sobre la región, también señala que la contracción que este año experimentará la producción será relativamente moderada. ¿Cuál es la razón? Una versión modificada de la teoría del "blindaje". Como ya resulta insostenible la afirmación de América Latina, pues la evidencia que la contradice es abrumadora, ahora, se sostiene que el efecto del desastre financiero, será moderado. Y, si esto no es consuelo suficiente, también se indica que el sistema de indicadores líderes de esta institución, ya detectó, en las principales economías, señales de recuperación. No consideró necesario comentar las asombrosas y aún más portentosas afirmaciones que podemos encontrar en la prensa financiera internacionales o en otros documentos preparados por otras instituciones internacionales.

No lo hago, porque me gustaría resumir las ideas contenidas en los publicados recientemente en Project Syndicate[2] por Dani Rodrick y Kenneth Rogoff, dos destacados economistas estadounidenses.

Sostiene, Daní Rodrick, en sugerente comentario, titulado ¿Un Mundo Desglobalizado?, que es improbable que la ecomía mundial siga siendo la misma, a pesar de que comparte la opinión de que tarde o temprano llegará la recuperación. Para él, cuando termine la crisis, nos encontraremos con nuevo mundo desglobalizado, en el que habrá menos financiamiento externo y en el que el comercio internacional crezca a un ritmo más lento. También señala que la nueva coyuntura puede afectar el dinamismo de aquellas economías que basaron sus economías en la reestructuración económica y la diversificación de su comercio exterior, especialmente sustanciales en su estrategia de desarrollo. Para el una estrategia que se orienta exclusivamente hacia el sector exportador. Debe , por esta razón, ser dejada de lado en favor de otra más equilibrada que le otorgue igual papel al desarrollo del mercado interno.

Rogoff, en "La Nueva Normalidad para el Crecimiento", llega esencialmente a la misma conclusión pero concentra su análisis en Estados Unidos y en las fuerzas estructurales que pueden limitar el dinamismo de la economía estadounidense en el próximo decenio. En efecto, que tanto Estados Unidos como China, deberán resignarse a una tasa media de crecimiento inferior a la que gozaron antes de la crisis. Lo que impide regresar a la situación anterior es que el consumo de los Estados Unidos, el motor del crecimiento mundial, será inferior por el desempleo creciente, el descenso de los precios de la vivienda, el endeudamiento de las familias estadounidenses, y la reducción en la riqueza de los pensionistas.

Para el Perú, estos escenarios pueden ser especialmente relevantes, y, sería indispensable volver a pensar desde esta perspectiva , el diseño de la política comercial , la política macroeconómica, y algunos aspectos de la política de desarrollo.



[1] [1] Sobre el “Arte de la Memoria” escribió , en 1966, Francis A. Yates un libro fascinante., publicado en inglés, por la Universidad de Chicago. Existe traducción al castellano hecha por la editorial Siruela. Esta misma editorial, ha publicado varias obras sobre el tema del filósofo español Ignacio Gómez de Liaño. Destacan “Filósofos Griegos, Videntes Judíos” y “El Círculo de la Sabiduría”.

[2] El lector interesado puede obtener una copia de estos ensayos en (Rogoff) http://www.project-syndicate.org/commentary/rogoff56 y (Rodrick) http://www.projectsyndicate.org/commentary/rodrik31/Spanish

El Canto de las Cigarras




Nada dice
En el canto de la cigarra
Que su fin está cerca
Basho

Perciben los hombres los hechos ocurridos; los sabios, los que se aproximan y solo los inmortales, los futuros, decía Filóstrato, en su Vida de Apolonio de Tiana, hace ya 17 siglos. Llena de momentos memorables en la historia humana, estos sucesos especiales suelen establecer los lindes de las épocas; sin embargo, también es bueno recordar que cuando llegan estos, pocos pueden advertir su real valía. ¿Nos ha tocado vivir en esta frontera concluyente? Crisis económica, pero también intelectual, ideológica, política y social, que pone en cuestión los fundamentales del orden global. Ningún país parece salvarse del derrumbe: el avance de la división del trabajo integró a todos en una vulnerable red y ahora el colapso arruina, sin importar la virtud, por igual.
No necesitamos conocer las causas de la crisis para apreciar la magnitud de la nueva catástrofe económica. Según las últimas proyecciones del Fondo Monetario Internacional, la tasa de crecimiento de la economía mundial sería de 0,5% en el año 2009, la tasa más baja registrada desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Por primera vez en 60 años, la producción de las economías más avanzadas experimentaría un retroceso; en 8 millones aumentaría, en los países de la OECD, el número de desempleados y en 100 millones, el número de pobres; el volumen del comercio internacional de bienes y servicios descendería 2,9%. ¿Cuántas personas en el mundo son capaces de comprender un guarismo tan inmensurable como 32 trillones de dólares, monto en que se estiman las pérdidas de los mercados bursátiles? Equivale la cifra al producto interno bruto (PIB) conjunto de todos los países de la OECD en el año 2008, a 275 años de producción en el Perú y excede en 18 veces la suma total de la producción total generada por el Perú como nación independiente. Parece inmenso el costo: el aumento de la deuda pública puede afectar por décadas la marcha de la economía mundial. Se estima que el déficit fiscal de los Estados Unidos podría ser equivalente a 12,5% de su producto interno bruto, para la Unión Europea (UE) se anticipa un escenario similar. Con estos desarrollos, es poco probable que las economías emergentes reciban en los próximos años financiamiento neto de los países de la OECD.
Con claridad nos revela, la información estadística inquirida, que hemos ingresado a una nueva fase de la crisis económica. Si la característica distintiva de la primera fase fue el colapso financiero, ahora la acción se ha trasladado al sector real de la economía: la parálisis del crédito ha afectado fundamentalmente a los sectores más dinámicos de la economía mundial, el descenso de la producción habrías sido más intenso en Asia y en la UE que en Estados Unidos. Aunque las estadísticas que muestran la evolución por componentes del PBI de Estados Unidos nos indican una enorme dispersión en las tasas de crecimiento de los distintos componentes de la demanda agregada, podemos extraer la conclusión de que la parálisis del crédito ha afectado fundamentalmente a tres de sus componentes: Primero, la demanda de bienes de consumo durables: (autos, computadoras, televisores, y, otros aparatos electrónicos) ha descendido significativamente, segundo; también el consumo conspicuo, y por último lugar, la inversión en construcción ha sufrido de igual forma.
Este patrón de descenso en la demanda ha determinado una drástica reducción en las exportaciones de todas las economías asiáticas. Como todas ellas basan su crecimiento en las exportaciones y su sector industrial se orienta básicamente hacia el exterior, no es sorprendente que sea en esta región del mundo donde se observan las reducciones más drásticas en el empleo, los índices de producción industrial y el producto interno bruto. En efecto, las últimas estadísticas nos muestran que las consecuencias del ajuste han sido drásticas en todos estos países. Sería importante para el Perú analizar la reducción que se ha registrado en el consumo conspicuo, ya que muchas de nuestras exportaciones no tradicionales se orientan hacia este sector. Sin duda, el origen fundamental del crecimiento en la demanda de dicho consumo está ligado al crecimiento del sector financiero y a la concentración del ingreso que ha habido en los últimos años. De manera que no debe sorprendernos que el colapso de la banca de inversión haya provocado un colapso en la demanda por este tipo de bienes, así como en la gama de industrias y servicios que satisfacían esta necesidad. Además, como varios de los productos textiles y agroindustriales que exporta el Perú se orientan a este sector, habría un serio peligro para el futuro de nuestra industria textil. Es probable que, en los próximos meses, comencemos a ver similares efectos en el sector agroindustrial. Asimismo, las dificultades en la banca de inversión causarían problemas serios en la demanda de servicios informáticos, pues este sector es el mayor demandante de información.
El descenso en la demanda de bienes durables y en la inversión bruta fija afecta directamente la demanda de metales. Por esta razón, serán estas materias primas las que experimenten en el año 2009 los peores desempeños. En América del Sur, Chile y el Perú serán las economías más afectadas. El descenso en los precios reducirá el flujo de inversión directa extranjera mas no necesariamente la cantidad producida, que incluso, en el corto plazo, aumentaría, porque las minas suelen explotar los yacimientos más ricos cuando caen los precios. Esta respuesta, sin embargo, provocaría una gran acumulación de inventarios en el mercado y prolongaría por varios años la recuperación en los precios. Es probablemente por esta razón que los precios de los metales industriales continúen descendiendo, aunque se recuperase Estados Unidos a finales de 2009.
En la UE también se experimentaría una recesión más intensa que en los Estados Unidos, pero de una naturaleza diferente. En Europa Oriental, lo fundamental es la reducción en los flujos de inversión extranjera. Estos países experimentan una crisis muy similar a la que experimentó América Latina en los años 1980 (y también se han visto obligados a recurrir al FMI). En España, Inglaterra y los países escandinavos, la principal causa de la crisis es financiera: en España, por ejemplo, hubo un boom hipotecario muy similar al de los Estados Unidos. Ahora, su industria de construcción experimenta una contracción similar a la de este último país. Inglaterra, en especial Londres, desempeñó un papel crucial como centro de actividad especulativa, de manera que ahora debe enfrentar las consecuencias del desplome de esta industria. En Alemania, sin embargo, la causa puede estar vinculada al comercio exterior. Sin embargo, estos desarrollos económicos, en el caso de Europa, no necesariamente son los que tienen más relevancia. En realidad, todo el proceso ha puesto en severa tensión las instituciones de la Comunidad y por esta razón pueden ser las consecuencias políticas las más relevantes.
¿Qué consecuencias puede tener esta gran crisis en la economía mundial? ¿Anuncia, acaso, esta mayúscula catástrofe una radical transformación del sistema mundo? ¿Qué reflejan los hechos de los cuales hemos sido testigos el año pasado? ¿Provocará el colapso del sistema financiero, el retroceso de la producción, el desempleo masivo, las quiebras y los rescates de emergencia una revisión de la misma magnitud en las ideas, la política y el poder en el mundo?
Cuando los historiadores del futuro escriban el relato de esta crisis, no podrán omitir en su crónica el papel que desempeñó en ella el cándido optimismo que nubló el entendimiento de los principales protagonistas. Para los optimistas es bastante claro el patrón de desarrollo futuro de la economía mundial. La fuerza básica será el continuo crecimiento de China, la India, Brasil y Rusia, las economías emergentes de mayor tamaño, que inducirá un cambio radical en la distribución geográfica de la actividad económica hacia Asia y un aumento en su influencia geopolítica. Provocará este proceso, en primer lugar, un aumento sostenible en el precio de la energía, los metales y los alimentos, que transmitirá los beneficios a los países exportadores de productos básicos en América Latina y África. También, cambios considerables en el patrón del comercio internacional y los flujos internacionales de capitales. Como consecuencia de estos, se alterará la estructura de gobierno del mundo para reflejar el poder de los nuevos gigantes emergentes. Sin embargo, de igual forma, el conjunto de alteraciones podría transformar la regulación en los países centrales, ya que es probable que los fondos soberanos de inversiones y los flujos de inversión directa extranjera realizados por estados nacionales sean vistos con preocupación por los políticos de estos países. En este sentido, es probable –por dichas razones– que surja un nuevo protagonismo financiero, pero la justificación de este podría llevar a una revaluación de los postulados de la globalización, como resultado de la cual habrá un incremento del papel que desempeña el Gobierno en la economía mundial, que pondrá poner fin a la era neoliberal. El gran problema de la visión optimista es que confunde un resultado que se materializaría al finalizar la presente centuria con la situación efectiva que se observa en el presente.
Nos muestra la historia que la emergencia de un gigante económico y la sustitución de una potencia por otra no es un proceso libre de turbulencias económicas, sociales y políticas. Debemos considerar que el desarrollo de una economía capitalista, especialmente cuando es tan desequilibrado como el caso chino, no se encuentra libre de retrocesos y crisis profundas. Ya los indicadores de la economía china registran signos evidentes de sobreinversión. Para comenzar, debemos notar que la rentabilidad del capital parece bastante baja, la inversión en China representa casi el 50% de su PBI, mientras que su tasa de crecimiento ha sido de 10%; es decir, aunque la tasa de crecimiento es sumamente alta, la relación capital producto que se deriva sugeriría una inmensa capacidad de producción con altas posibilidades de no ser utilizada. Luego, el patrón de desarrollo económico chino es excepcional: al apoyarse excesivamente en las industrias de exportación, es sumamente vulnerable a las alteraciones cíclicas que se producen en los mercados de destino de sus exportaciones y a las acciones de política orientadas a limitar su expansión comercial. Es poco probable, también, que los países desarrollados estén dispuestos a ceder a China el control de segmentos estratégicos de su aparato industrial por razones de seguridad nacional. De modo que si China continuase por este camino podría estallar una nueva guerra comercial y, así, una segmentación creciente del mundo. Esta dependencia de mercados externos hace notar que la estructura comercial china no genera al interior de su país un mercado suficiente como para absorber la producción que podría ocasionar tan monumental esfuerzo de inversión, el modelo mercantilista chino estaría aplazando una futura crisis de subconsumo. Finalmente –para culminar este párrafo–, es poco probable que las autoridades chinas controlen en el corto plazo el impacto en el sector financiero de las entradas de capitales. Los indicadores sugieren que una facción considerable de los fondos ha sido usada en aventuras especulativas, tanto la bolsa como el precio de la propiedad en sus principales ciudades han crecido en niveles difíciles de justificar.
En cualquier caso, incluso en el escenario que imaginaron los optimistas, no se garantiza en el momento actual una salida fácil de la crisis, porque todavía –desafortunadamente– el dinamismo del mercado estadounidense y las decisiones que tomen sus principales líderes son esenciales para el mundo.