Mostrando las entradas con la etiqueta Perú. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Perú. Mostrar todas las entradas

¿Está el Perú en el Paraíso Terrenal?


Por mi amigo Fernando Fuenzalida, pude conocer la obra de Athanasius Kircher, un distinguido jesuita del siglo XVII, dedicado a investigar lo raro y lo curioso, y autor de desconcertantes libros. Se incluyen entre estos “Mundus subterraneus” donde trataba de determinar la ubicación de Atlantis, pero quizás más enigmático sea el Manuscrito Voynich, uno de los textos más misteriosos de la historia, este inquieto y curioso jesuita en el año 1665, recibió una copia de dicho manuscrito de manos de Johannes Marcus Marci, con la esperanza de que el sabio sacerdote lograra descifrar los arcanos ahí escondidos. Luego, se ha encontrado entre la correspondencia de Kircher numerosas cartas dirigidas a miembros de la compañía de Jesús que trabajaban en el antiguo Virreinato del Perú y sabemos que los jesuitas organizaron una expedición a una apartada región, hoy ubicada en Chile, que tenía como objetivo encontrar la entrada que conducía al Paraíso Terrenal .

Les cuento esta interesante historia, porque todo parece indicar que en los últimos años, ha aparecido en el Perú, una nueva sociedad secreta dedicada al estudio de los aspectos más desconcertantes del trabajo de Kircher. Al parecer, sus miembros al inicio del año 2007 concluyeron que este notable miembro de la Compañía de Jesús tenía razón cuando pensó que la entrada al Paraíso estaba localizada en los Andes, pero que erraba cuando la ubicó en el extremo sur de la cordillera. Piensan ahora estos neo kircherianos que la puerta que lleva al Paraíso terrenal se encuentra en el Perú, escondida entre la espesa vegetación que cubre la vertiente oriental de los andes peruanos.

Si le resulta increíble la historia, no se preocupe: los miembros de la nueva sociedad anticiparon esta natural reacción, por eso, han diseñado un plan para transformar nuestra psicología y conducirnos con necesaria tranquilidad y orden hacia la escondida puerta que conduce al paraíso.

Un componente esencial de este intrincado plan de transformación espiritual consiste en mostrarnos cómo la crisis más profunda que ha sufrido la economía mundial en los últimos 70 años no afecta a la economía peruana. Sin duda, un objetivo difícil de alcanzar, pero la dificultad no es algo que atemorice a espíritus tan optimistas como el de los neo kircherianos. Después de todo son mayores los obstáculos necesarios a superar para descubrir la entrada que Dios ocultó en los tiempos del sueño.

Por el insólito éxito que hasta ahora parece tener esta estrategia sicológica, no queda sino confesar una prudente sorpresa. A lo largo de todo el año pasado, he podido comprobar la enorme popularidad de las distintas fábulas que inventaron los tenaces discípulos de Athanasius: la interpretación inicial de la crisis financiera, la teoría del blindaje, la falaz creencia de que el Mundo podía crecer aunque no lo hiciera Estados Unidos, la peregrina idea de que China, la India , Brasil, y Rusia podían mantener el crecimiento mundial, que “la segunda derivada” muestra claros indicios de reactivación, y, en este último trimestre, aprovechar ciertas propiedades estadísticas de las series económicas –por ejemplo, la tendencia a la reversión a la media, o las asimetrías de las tasas de crecimiento-, para convencer a la gente de una inminente recuperación de la economía mundial. Aunque todavía no comprendo por qué mitos tan falaces puede ser tan populares, me atrevería a conjeturar que podemos encontrar la respuesta en los mensajes ocultos contenidos en el libro del filósofo Jean Braudillard  sobre la primera Guerra del Golfo, donde se argumentaba (hasta el colmo de lo absurdo) que ese suceso nunca había existido.

Como las limitaciones de espacio nos impiden analiza la composición, modo de operación, lógica interna e impactos psicológicos de todos estos cuentos neo kircherianos nos concentraremos en el examen de cómo pueden ser utilizadas determinadas cifras estadísticas para repletar nuestro espíritu de un cándido optimismo. Tomemos como ejemplo los guarismos del Producto Bruto Interno, suelen ser publicados trimestralmente por todas las oficinas estadísticas del mundo, aunque el Perú el INEI los anuncia mensualmente, los economista están convencidos de que este indicador, por su cobertura, es la mejor medida de actividad económica. Sin embargo, un examen más detallado de la data nos revela que este famoso índice no marca con precisión en ningún país la marcha del ciclo económico, por esta razón el National Bureau Research (NBER) una venerable institución estadounidense que determina la fecha en que se inician las recesiones en Estados Unidos no lo incluye entre sus series de referencia.

El problema es que hay una abisal discrepancia entre lo que se ofrece y lo que se entrega, pues el producto final incluye algunos datos de la economía real, provenientes principalmente de los sectores que producen bienes materiales, con data originada de una miríada de forma: ya sea mediante prácticas consagradas por la costumbre, atrevidas conjeturas de las oficinas de estadística, modelos económicos de resultado no verificables y finalmente , en algunos países, una gran cantidad e imaginación, agrava esta situación el tránsito que se ha registrado en todo el mundo hacia una sociedad postindustrial, ya que este ha hecho aumentar la importancia que en el Producto Bruto Interno posee el sector servicios, un conjunto de industrias donde por su naturaleza las dificultades en cuantificarlas son inmensas. Para poder ilustrar cuan arbitrarias pueden llegar a ser estas medidas, hemos cuantificado el comportamiento de este índice utilizando la antigua metodología, la cual exponemos en la correspondiente tabla:





Muestra el cuadro la evolución que hubiera tenido el PBI peruano si el INEI hubiera seguido el viejo método, hemos incluido una columna que nos permite comparar nuestro valor con el que actualmente reporta el INEI, la diferencia es apreciable, en el mes de marzo, por ejemplo, el INEI reportó un crecimiento de 3.3% mientras que con la antigua metodología se hubiese obtenido un valor de -1.71%, es decir, hay una diferencia de -4.76 puntos porcentuales.

Debemos, sin embargo, advertir, que estos números son aproximaciones pues es secreto el resultado oficial que habría arrojado la vieja metodología, para replicarlo, hemos tenido que superar varios obstáculos que pueden ilustrar la transparencia de la política estadística que practica el gobierno peruano. Para comenzar, la base de datos necesaria para realizar este cálculo se encuentra disponible en la página Web del INEI, en un archivo de Excel, sin embargo, éste está protegido por una contraseña, de manera que quien quisiera verificar el cálculo tiene que ingeniárselas para decodificar la clave secreta, si como nosotros tuviese a algún amigo experto en informática que pudiese romper la protección, puede comenzar a penetrar en los misterios que se esconden en el cálculo gubernamental. En seguida, se encontraría con dos problemas adicionales: las celdas que contienen las fórmulas matemáticas relevantes están ocultas, y han sido escritas del mismo color que el fondo, de manera que un lector confiado aún si pudiese descubrir las celdas ocultas, en un primer intento no lograría hallar ninguna información. Luego, si perseverase en el empeño, y con algo de desconfianza, encontraría las fórmulas encubiertas, las cuales, registran un sistema de ecuaciones simultáneas que no hemos podido averiguar si han sido resueltas cabalmente

¿Cuál es el cálculo verdadero? Probablemente ninguno, ya que ambos métodos son meras aproximaciones, sin embargo, para terminar debemos de indicar que el viejo método por lo menos tiene la ventaja de no producir resultados que contradicen el sentido común.

Breve Historia de los Regímenes Monetarios del Perú

I

¿Pudo alguien imaginar , en los terribles días de la hiperinflación, justo cuando la más descomunal catástrofe económica sobre nosotros se cernía e imperturbable, toda ilusión consumiendo, transformaba al Perú en el inefable país de las últimas cosas, que tan sólo veinte años después, hubiera personas reunidas en el local del Banco Central para celebrar los 75 años de su creación y satisfechas escuchando un discurso similar al que preparó para la ocasión Oscar Dancourt, el vicepresidente de esta institución? Aun cuando es probable que los espíritus más perceptivos del Perú pudieran haber concebido, en los años ochenta, una posibilidad cómo la que describo, pues conocían cuán excepcionales y transitorios eran los eventos que en ese entonces presenciaban, ellos hubieran considerado mera ensoñación la posibilidad de que, en ese mismo lapso, nuestro Banco Central pudiera ocupar , gracias a las virtudes de su política monetaria, el primer lugar en un concurso en América Latina. Hay, en efecto, tanta distancia entre las condiciones económicas que prevalecían en los años ochenta y las que hoy parecen regir en nuestros mercados financieros, que estas, sin duda, deben parecer inteligibles a los espíritus más jóvenes. Los discursos racionales, a pesar de su complejidad técnica, probablemente nunca conseguirán trasmitir a plenitud la incertidumbre e inseguridad que amargó en los años ochenta el ánimo de aquellos que vivieron en esos días en el Perú, porque sólo es posible adquirir este tipo de conocimiento mediante la experiencia. Sin embargo, la profunda diferencia que existe entre dos momentos de nuestra historia económica, nos permite apreciar cuán diferentes pueden ser los efectos de los regímenes y principios que inspiran la práctica de la política monetaria, juzgar sus ventajas y entender sus debilidades estructurales , y, finalmente, analizar sus principales propiedades.

Tres partes componen este breve ensayo que intentará explicar las principales principios que inspiran el diseño de la política monetaria actual , entender sus efectos sobre las principales variables económicas y
discutir los principales desafíos del futuro. En la primera parte, intentaremos presentar una historia de los distintos regímenes monetarios que guiaron las acciones de los distintos directorios del Banco Central de Reserva en sus 75 años de existencia. En la segunda parte, discutiremos las bases conceptuales del actual régimen de objetivos de inflación , su modalidad de funcionamiento y las principales fuerzas que intervienen en la determinación del equilibrio general. Finalmente, la tercera parte se dedicará a discutir los principales riesgos y desafíos que enfrentará el actual régimen en los próximos cinco años.

II


No pudo escoger , la Junta de Gobierno que sucedió a Leguía, momento más oportuno para fundar el Banco Central de Reserva , cuando el 18 de mayo de 1931, expidió el decreto ley No. 7137 que estableció en el Perú a esta institución, siguiendo el proyecto preparado por la misión Kemmerer. Era la función principal del nuevo banco mantener estable el valor de la moneda nacional y proporcionar, según las circunstancias, la liquidez necesaria para la demanda variable del comercio y de la industria. Su organización imitaba la estructura del Banco federal de Reserva de los Estados Unidos y las normas que regulaban su funcionamiento interno. Aunque puede resultar apasionante e intrigante en sumo grado, reflexionar sobre esta extraña y comprobada predisposición a establecer los objetivos de nuestra instituciones justo en circunstancias donde es probable que no cumplan con los objetivos que la son asignados, es probablemente más eficaz para los objetivos de este artículo solo mencionar que en 1931, era el nuevo banco incapaz de cumplir con sus objetivos principales. Y fue este hecho el que determinó que el primer sistema cambiario que administró el Banco Central fuera un sistema de tipo de cambio flexible. Si bien esta elección fue motivada por las urgencias propias del momento y no sugerida por ninguna reflexión teórica, puede ésta haber sido la más apropiada para contener la deflación que en ese entonces amenazaba con destruir nuestra economía. La depreciación del sol contuvo , sin duda, la caída incesante de los precios y contribuyó a amortiguar los efectos que sobre el Perú tuvo la gran depresión económica de los años treinta. ¿Explica, acaso, la peculiar política monetaria que practicó el primer directorio del Banco Central, los efectos leves que la gran depresión tuvo en el Perú y la rapidez de la posterior recuperación económica? Aunque me inclinaría a responder afirmativamente, una respuesta definitiva puede requerir de mayor investigación.

No podemos dejar de notar, ya que este hecho tuvo una enorme importancia para la historia monetaria del Perú, el gran empeño que demostró el directorio del Banco Central para cumplir con el objetivo de satisfacer las necesidades de liquidez del sector privado. Fue este impulso el que llevó a establecer un conjunto de bancos especializados en sectores específicos gracias a la feliz iniciativa de los distintos gremios de producción. La Sociedad Nacional Agraria, por ejemplo, encargó a un abogado elaborar un proyecto para establecer el Banco Agrícola del Perú y este comenzó a operar en 1932. Iniciativas similares llevaron , en años posteriores, a la fundación del Banco Minero y del Banco Industrial. Fue una característica de estos nuevos intermediarios financieros su estrecha dependencia financiera respecto del Banco Central.

¿Hubo alguien que percibiera alguna contradicción entre este objetivo secundario y el más fundamental de velar por la estabilidad monetaria? No, en apariencia, y si bien sólo podemos elaborar conjeturas para explicar esta curiosa actitud, me atrevería a conjeturar que la teoría que justificó económicamente estos proyectos, fue una variante de la “Real Bill’s Doctrine”, creada en el siglo XIX por los economistas ingleses , y que siempre gozó de gran popularidad entre los gremios productores.

En cualquier caso, las operaciones financieras que ejecutaba el nuevo Banco Central con estos bancos especializados se convirtieron pronto en cruciales instrumentos de la política monetaria, y, quizás, fue la subordinación de estos respecto del financiamiento del Banco Central, el factor que explique la escasa fortuna que ha tenido esta institución administrando un sistema de tipo de cambio fijo.

Este conflicto potencial se manifestó con gran claridad en los años cuarenta, cuando la Segunda Guerra Mundial drásticamente transformó las condiciones económicas que prevalecían en la economía mundial y el Perú sustituyó el sistema de tipos flexibles de cambio por uno de paridad fija, emulando la tendencia mundial. Esta nueva coyuntura afectó, en primer lugar, los flujos de comercio internacional, y este hecho impulsó los precios hacia arriba, tanto en el mercado interno como en el internacional. También elevó drásticamente las necesidades financieras de todas las unidades de producción. En efecto, el conflicto armado, al aumentar los costos de transacción del comercio internacional, redujo también las velocidades de rotación de todos los activos circulantes – inventarios, cuentas por pagar y cuentas por cobrar, entre otros —, y, por esta razón, incrementó el capital de trabajo requerido por unidad de producción y la demanda de crédito bancario.

Sin embargo, poseía el Banco Central pocos incentivos para cambiar de expansión crediticia que , después de la fundación de la “Banca de Desarrollo“ prevaleció en la década de los treinta. De hecho, el nuevo esquema institucional y las urgencias económicas del momento contribuían a la popularidad de estas políticas. Si bien el acuerdo general parece ser una cualidad deseable de cualquier política económica ya que favorece la tradición antes que la revisión, desafortunadamente, no posee la cualidad de eliminar una contradicción en caso que exista. Puede así, en determinadas circunstancias, ser deseable una política económica que, aunque sostenible en el corto plazo, no lo sea en el largo plazo.

Al final, el régimen que terminó por consolidarse fue uno de tipo de cambio fijo. No fue difícil para el gobierno y el directorio del banco central descubrir que el sistema podía funcionar, en el corto plazo, sin garantizar la plena convertibilidad de la moneda nacional, pues así se generan las condiciones que permiten, al menos en el corto plazo, los efectos probables de la expansión interna del crédito sobre los agregados monetarios. Favorecía a esta política la excepcional coyuntura que prevalecía en los mercados internacionales de los años cuarenta. La guerra global imponía un límite obvio a la inversión financiera internacional, incrementaba la preferencia por liquidez, e impulsaba hacia arriba las cotizaciones internacionales de todos los productos de exportación del Perú.

Aunque la inflación internacional y la propensión natural hacia el atesoramiento le permitieron al directorio del Banco Central sostener por un período prolongado el tipo de cambio fijo a pesar de la tasa de crecimiento del crédito interno, cuando la victoria aliada volvió a cambiar los factores que regían la dinámica de las distintas variables internacionales , y, por esta razón, abruptamente se interrumpió en el Perú la tasa de crecimiento del ingreso nominal, volvió a dominar el carácter contradictorio de la política peruana y todo el sistema colapsó.

Produjo el colapso del régimen una crisis económica, pero sus efectos fueron bastante leves, ya que la economía mundial estaba a punto de iniciar la mayor expansión económica del siglo XX, la “Edad de Oro del Capitalismo“ , y este hecho le permitió al Perú, sin modificar el modelo diseñado en los años treinta, superar los efectos de la crisis.

Resulta, sin embargo, interesante mencionar varias de las políticas que introdujeron los gobiernos en su vano afán de aplazar lo inevitable, ya que son notoriamente similares a aquellas que se introdujeron en los años ochenta cuando también se agotaron las posibilidades del régimen monetario. La crisis fue, en ambas ocasiones, precedida por medidas administrativas cuya ejecución rebasa los límites de la capacidad de regulación de nuestro aparato estatal. Trataron, en efecto, nuestras autoridades económicas, de remediar la crisis con tipos de cambio diferenciados, controles de capitales y racionamiento de las divisas. Y en ambas ocasiones fracasaron. Lo sorprendente, sin embargo, no es el fracaso, sino la corta duración que hubo entre la introducción de los controles administrativos y el fracaso en ambas ocasiones. Parece que el Estado Peruano carece de la capacidad necesaria para administrar este tipo de sistemas, pues en otras partes del mundo suele gozar de una vida más prolongada. Este curioso rasgo de nuestra naturaleza puede reflejar una escasa tolerancia hacia la institucionalización de la corrupción, único camino que permite prolongar la duración de estos complicados sistemas de gestión administrativa.


III

Era, el Perú, a finales de los años cincuenta, una economía bastante peculiar. Inconfundible en América Latina, ya que la organización de sus instituciones y la estructura de su sistema de producción no se acomodaban con facilidad al patrón típico de un país no desarrollado. Inmediatamente capturaban la atención de los especialistas más perspicaces que solían, de cuando en cuando, visitarnos, dos rasgos de nuestro sistema financiero: el inusual sistema cambiario y la gran sofisticación de la banca y del mercado interno de capitales.

En los años dorados del régimen de “Bretton Woods“ era, sin duda alguna, bastante curioso encontrar en el mundo algún banco central que operara un sistema de tipo de cambio flexible. Existía, por cierto, la posibilidad, y esta era discutida en los tratados de economía internacional, pero su existencia todavía poseía – pensaban los especialistas - un naturaleza ideal. Sin embargo, los economistas más informados conocían que, en dos países de la tierra, esta idea había mutado en realidad: Canadá y el Perú. Era el primero una economía del mundo desarrollado y su banco central se había forzado abandonar el sistema de “Bretton Woods“, pues su proximidad geográfica respecto de los Estados Unidos integraba su mercado de capitales al de éste último país, y, por esta razón, imposibilitaba, bajo las reglas de “Bretton Woods“ la práctica de una política monetaria independiente. ¿Fue, acaso, la temprana experiencia del Canadá con un sistema flexible de tipo de cambio la que inspiró a Robert Mundell a escribir su clásico ensayo sobre los efectos de las políticas fiscal y monetaria? Probablemente lo haya sido así, pues, ¿no nacen todos los modelos útiles que conciben los economistas de un proceso similar? También el caso peruano motivó a un economista del Fondo Monetario Internacional, C.S. Tsiang, a escribir en la revista de esta institución un ensayo que documentó la experiencia del Perú.

¿Cuál era la razón que apartó al Perú de los cincuenta de la usual práctica internacional? ¿ Por qué resultaba tan curioso e intrigante el sistema financiero del Perú? La respuesta a estas preguntas se relaciona íntimamente con las políticas económicas que ejecutó el gobierno del general Manuel Odría para superar la crisis financiera de finales de los años cuarenta, pues postularon éstas un retorno al sistema de tipos flexibles de cambio de los años treinta. Contó el general Odría con los servicios de la Misión Klein para diseñar el nuevo sistema cambiario, y fue la propuesta institucional de este distinguido consultor internacional la que, con modificaciones, orientó la política monetaria en el Perú hasta el gobierno de Alan García, cuando, forzado por las circunstancias, nuevamente tuvo que abandonar el modo de regulación monetaria propuesto por el señor Klein y estableció el régimen monetario que actualmente prevalece.

Propuso, el señor Klein, al gobierno del Perú, un sistema de tipo de cambio dual, con una tasa de cambio para las transacciones comerciales y otra para las transacciones comerciales. Era un sistema bastante flexible y fácil de adaptar al tormentoso curso de las variables internacionales, ya que su funcionamiento le permitía al Banco Central ensayar, sin introducir modificaciones sustantivas, la lógica fundamental del esquema global, diversos sistemas cambiarios e incluso mezclar sus propiedades, y así encontrar el balance apropiado para las circunstancias del momento. Sin embargo, el requisito esencial para su funcionamiento era el requerimiento que entregaba al banco central el monopolio de la oferta de dólares. Colapsó el sistema, a finales de los años ochenta, cuando las condiciones económicas que permitían preservar este monopolio, debido a la aparición del narcotráfico, la banca paralela y la hiperinflación, no pudieron sostenerse.

No quiero pasar a otro tema sin brevemente comentar otro hecho que en esos años solía motivar la curiosidad de los más perceptivos visitantes extranjeros: la sofisticación y enorme eficiencia de la banca peruana de finales de los cincuenta. Fue esta, sin duda, el producto de singulares circunstancias y, aunque el tema también ha sido poco estudiado, no creo equivocarme si atribuyo esta característica al genio financiero del inmigrante cubano José Payán y al carácter diversificado del sector primario exportador. Conseguía, en efecto, el sistema financiero de Payán, logros que aparentemente se encuentran fuera del alcance del actual, como, por ejemplo, colocar en la Bolsa de Valores de Lima bonos emitidos por las Municipalidades y financiar en el mercado interno diversas inversiones públicas.

Quisieron, sin embargo, las leyes que parecen regir la evolución de la economía y de la sociedad en el Perú, alejarnos de estos logros tan notables para una economía subdesarrollada, ya que, en los años que siguieron, otras fuerzas terminaron apartando a nuestra economía de estas felices coincidencias.

A principios de los años sesenta, con el primer gobierno de Belaúnde, comenzaron a realizarse cambios institucionales en el modelo financiero de Payán, cuyo propósito fundamental era reforzar el papel que jugaba el estado en el sistema monetario y financiero. Aparece así, en los años sesenta, el Banco de la Nación, y se produce un notable aumento de los requerimientos de crédito del Estado. ¿Cuáles eran las misteriosas determinaciones que despertaban estas tendencias? La motivación más profunda parece ser la conjunción de la caída en la rentabilidad que se registraba en varias ramas del sector primario exportador y el notorio descenso en la inversión de las empresas. Creaban estas condiciones un consenso a favor de la expansión del Estado, ya que se le asignaba a este, mediante la expansión de sus funciones en la economía, el papel de sustituir a un sector privado que parecía dispuesto a retirarse de las actividades productivas. Fueron estos hechos los que determinaban, en ese entonces, la aparición de un superávit en el balance entre el ahorro y la inversión de las empresas, y, por esta razón, los que provocaban la necesidad de canalizar estos excedentes hacia el sector público. ¿Qué factor provocó la caída en la rentabilidad de nuestras industrias exportadoras? Nos encontramos, nuevamente, con una interrogante para la cual no tenemos una respuesta muy precisa. Todo, sin embargo, parece indicar que en esos años había agotado la economía peruana sus posibilidades de expansión y que las inversiones requeridas para solucionar este problema estructural, debido a su escala, escapaban de las posibilidades del sector privado nacional.

El Perú de los años sesenta no había aún desarrollado mecanismos ni instituciones que permitieran concentrar y centralizar el capital en un gran proyecto de inversión. Tampoco contaba con grupos empresariales capaces de financiar las inversiones requeridas para superar los problemas estructurales de la economía. Este hecho, sin duda, favoreció la expansión del sector público en la economía. Y fue precisamente este proceso el que determinó la historia financiera en los años posteriores.

Con el gobierno militar del general Velasco Alvarado, intensificaron las determinaciones que comenzaron, con claridad, a manifestarse en los años sesenta. Abandona, en efecto, este, la convertibilidad de sol, y, aunque preserva el modelo de regulación cambiaria concebido por Klein, refuerza su poder regulatorio con controles de capitales y la prohibición expresa de los depósitos en moneda extranjera. Contrata también en los mercados internacionales una apreciable cantidad de deuda pública, y con estos recursos financieros, ejecuta un programa de inversiones cuyo propósito fundamental era superar las dificultades estructurales de la economía exportadora.

Desgraciadamente, estas inversiones maduraron demasiado tarde, cuando el Perú había caído en una nueva crisis financiera, y esta, a diferencia de lo ocurrido a finales de los años cuarenta, tuvo una duración demasiado prolongada. Fue esta crisis la que determinó la aparición de la inflación y de los mecanismos psicológicos que garantizan su preservación en el tiempo.

Cuando con el ministro Javier Silva Ruete, las autoridades peruanas logaron recuperar el control de la situación a finales de los años sesenta, existieron claras oportunidades para cortar las raíces del fenómeno inflacionario. Cometió, sin embargo, el directorio presidido por Manuel Moreyra, un error crucial en el diseño de su política cambiaria cuando se inclino éste por un sistema que indexaba la paridad del sol con respecto al dólar. ¿Fue este error estratégico el origen primordial de la hiperinflación que a finales de la años ochenta produjo la desventura de todos los peruanos? No lo podemos saber con precisión, pero es claro que fue el sistema de minidevaluaciones de los años ochenta la fuerza que impulsó la dolarización de la economía y que introdujo en nuestra economía una sustancial dosis de inercia nominal. Y fue esta inercia la que en, última instancia, provocó el aumento incesante en la tasa de inflación, ya que con su presencia en una economía, solo es posible conseguir cambios importantes en los precios relativos aumentando su ritmo de crecimiento.

¿Sigue aún hoy día, a pesar del tiempo transcurrido, la hiperinflación que consumió el régimen monetario diseñado por la misión Klein, despertando viscerales reacciones en el ánimo de todos los peruanos y su pavorosa experiencia determinando las interpretaciones que hacemos de nuestra historia? Dos décadas transcurridas, esta actitud impide conocer con mayor exactitud varios aspectos del fenómeno. En primer lugar, aún hay un serio problema de registro, porque varios de los indicadores económicos que documentan el evento poseen serias deficiencias estadísticas. Es probable, por ejemplo, que el índice de precios al consumidor sobreestime la magnitud de la tasa de inflación, y este hecho impide obtener resultados plausibles para varios indicadores: salario real, tasa de desempleo, producto nominal, entre otros. También desconocemos la explicación de varios hechos intrigantes. La gestión del ministro César Vásquez Bazán resulta bastante intrigante, pues este parece haber logrado “estabilizar“ la tasa de inflación en un nivel de 30% mensual, y aún no queda claro cómo este personaje consiguió semejante proeza. Es necesario dilucidar el efecto psicológico del fallido intento de estatización de la banca, que parece haber sido el elemento crucial que impulsó hacia arriba la velocidad de circulación del dinero. Es notoria la discrepancia que existe en los primeros meses de la hiperinflación entre el ritmo de crecimiento de los precios y la tasa de crecimiento de la emisión monetaria. Asimismo, la estatización bancaria generó una conmoción en el modo de funcionamiento del mercado de capitales al provocar el nacimiento de la banca paralela, y, así, de numerosas transacciones crediticias que escapaban del control del Banco Central. No debemos olvidar que la informalización que se observó en los mercados paralelos de crédito en la práctica equivalió a una reforma financiera, ya que, en estos mercados, las tasas de interés se determinaban con total libertad. A medida que desaparecía el crédito en el sector formal y se expandían estas transacciones, se convertían estas en las medidas más acertadas de evaluación de los costos crediticios. La importancia de este hecho, aunque no comentado, es decisiva, pues, en el mismo período, comienzan a aparecer embrionarios los mecanismos de control monetario que terminarían por prevalecer en el Perú en los años noventa y en el período actual.



IV


Llegamos, finalmente, al tiempo en que vivimos, y el Perú, nuevamente, reconstruye su régimen monetario restaurando un sistema de libertad cambiaria. Surgió este gracias a la expansión de los mercados informales que prevalecieron en los años de la hiperinflación, pero la característica distintiva del nuevo régimen fue, probablemente, la bancarización de las enormes tenencias de dólares que el sector privado había acumulado para proteger su riqueza contra el vertiginoso aumento de precios. Si bien este hecho equivalió a una entrada de capitales, también provocó una peculiaridad, que devendrá en decisiva para el funcionamiento del nuevo régimen monetario. En efecto, los depósitos denominados en moneda extranjera no pueden considerarse con precisión activos internacionales, pues el contrato financiero involucra en ambos extremos a dos residentes peruanos, aunque el público los perciba como tales. En realidad, el nuevo régimen se basa en una ilusión construida combinando en un solo activo financiero un procedimiento de indexación al dólar y un compromiso de convertibilidad que estipula el cambio de los depósitos a una tasa de cambio fija de uno a uno con la moneda americana. Frente a estos depósitos se oponen aquellos denominados en moneda nacional, cuya tasa de cambio respecto del dólar se determina en un régimen de flotación sucia. Desde esta perspectiva, el Banco Central de Reserva administra, en realidad, de forma simultánea, dos monedas: los dólares emitidos en el Perú, y los nuevos soles emitidos también en el Perú. Para los primeros, utiliza un régimen de tipo de cambio fijo, y, para los segundos, un régimen de tipo de cambio flexible. No es sorprendente, por esta razón, que el sistema combine las propiedades de ambos regímenes cambiarios.

El segmento dolarizado se rige por las mismas leyes explicadas hace trescientos años por David Hume en su clásico ensayo sobre los determinantes de la balanza de pagos. De ahí que la evolución de su cantidad sea especialmente sensible a los flujos internacionales de capitales y que el Banco Central posea poca discreción para afectar en el largo plazo la escala del sistema. Así, tienden a expandirse estos depósitos cuando se registran saldos favorables en la cuenta de capital, y a contraerse cuando ocurre lo contrario. Sin embargo, en el muy corto plazo, el BCR puede afectar la magnitud de estos flujos manipulando los encajes en moneda extranjera y así practicar una política de control de dicho crédito. El sistema de flotación sucia domina la parte no dolarizada, y, en él, la autoridad monetaria era capaz de controlar sin ningún impedimento la magnitud de la emisión.

Para administrar el segmento en soles del sistema, el Banco Central, en la década de los noventa, adoptó un sistema basado en la programación de la emisión, emulando, quizás, el comportamiento de los bancos centrales de los países desarrollados a finales de los años setenta, cuando estos abandonaron el sistema de Bretton Woods y abrazaron sistemas de flotación sucia. No es necesario detallar los pormenores de su funcionamiento, pues se trata de un fenómeno ampliamente conocido. Sin embargo, puede ser interesante comentar dos puntos para los cuales no existe adecuada explicación. En primer lugar, la varianza del dólar fue, en este régimen, bastante reducida, a pesar de no existir un compromiso expreso por parte del Banco Central que lleve a determinar de forma rígida la paridad con respecto al dólar de la moneda nacional. En la práctica, aunque el Perú no contara oficialmente con un sistema de tipo de cambio fijo, operó como si lo hubiera. Lo realmente interesante no es la escasa variabilidad del dólar, sino entender cuál es el conjunto de fuerzas que determinaron este resultado, ya que el Banco Central ha señalado en repetidas oportunidades que no tiene como política fijar el precio de la moneda americana. El segundo rasgo esencial del sistema es que su operación parece requerir una cantidad mayor de reservas internacionales que el antiguo sistema de tipo de cambio fijo. En efecto, mientras que el antiguo sistema nunca requirió una cantidad de reservas que excediera a tres meses de importación, la magnitud de estas en el nuevo excede con creces un año de importaciones. Finalmente, no se registraron tendencias evidentes que llevaran a la desdolarización. En los años ochenta, a pesar de la caída en la tasa de inflación, el coeficiente de dolarización se mantuvo bastante estable, y aunque existen teorías que explican el hecho, no resultan convincentes.

Introdujo el gobierno de Alejandro Toledo a principios del nuevo milenio un nuevo sistema para administrar el segmento denominado en moneda nacional: el régimen de metas de emisión. Inicialmente, este había ganado popularidad en los países industrializados en los años ochenta, cuando los bancos centrales se desilusionaron debido al enorme desarrollo financiero que caracterizó en dicho período a los sistemas basados en la programación de la emisión. El problema que se registraba fue la inestabilidad de la demanda por los distintos instrumentos financieros que cuestionaban la efectividad de la política monetaria. Por ello, gradualmente se inclinó la balanza a favor de la tasa de interés, ya que esta política permitía con mayor eficacia regular la dinámica de una economía. Para orientar la política monetaria el nuevo sistema intenta limitar la discreción de las autoridades monetarias mediante el uso de la regla de Taylor. Especifica esta las razones que pueden motivar los movimientos de la tasa de interés: las variaciones en la tasa de inflación y los movimientos en el nivel de actividad. Los impulsos de la política monetaria se transmiten hacia el sector real usando como vehículo fundamental la estructura temporal de las tasas de interés, y su efectividad depende de la forma como esta estructura responde a las intenciones de cada banco central.

Aunque no podemos discutir a plenitud el funcionamiento de este sistema, pues hacerlo requeriría de un espacio semejante al que ya hemos abarcado, podemos concluir este breve ensayo notando dos puntos que nos parecen importantes. Es preciso notar que su puesta en practica en el Perú ha sido especialmente favorecida por las excepcionales circunstancias económicas que han predominado en el mundo en el quinquenio pasado. No hay que perder la perspectiva de que solo hemos podido apreciar el funcionamiento de dicho régimen en una coyuntura de expansión de la economía mundial, distinguida por el notorio descenso de las tasas de interés. No sabemos cómo funcionará este cuando esta se altere y las tasas de interés se comporten de manera distinta. En segundo lugar, el sistema parece haber provocado tendencias evidentes hacia la desdolarización del sistema, pero no queda claro si estas son un producto de su lógica de funcionamiento o de la coyuntura internacional. Es claro que estos temas merecen estudiarse con mayor profundidad.

Las Intendencias Coloniales



Representa el mapa las principales divisiones territoriales del Perú en el Siglo XVIII: Trujillo, Lima , Arequipa, Puno, Huamanga, Huncavelica, Cuzco y Maynas

Las fronteras  son aproximadas . Esta división regional puede ser bastante útil para determinar la población y el producto agropecuario en el siglo XVIII. Sugerimos agrandar la figura para apreciar con mayor claridad las fronteras. Aríca y Tarapacá, en esos años, pertenecían al Perú  y eran parte de la  Intendencia de Arequipa.  En el Norte, el territorio de Trujillo se extendía hasta el golfo de Guayaquil ; las fronteras de Mayanas com prendían parte de la Selva de Brasil, Colombia, Brasil; algo similar ocurría  con el Cuzco.



El Perú en el siglo XXI




El Perú y Kondratieff




En el Gráfico se representan los principales ciclos de expansión de la economía peruana y las principales crisis de su historia económica. Se incluye una proyección, todavía bastante preliminar, hasta  el 2060s.  Para estudiar la información con mayor detalle puede presionar sobre la figura.

Medida y Crisis


Una alternativa al PBI del INEI


Bruno Seminario


Para poder comprender el papel de los sistemas de contabilidad nacional en el mundo contemporáneo, resulta útil recordar un discurso reciente del presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, pues el mismo sintetiza bastante bien el creciente descontento de un amplio sector de la opinión pública mundial con esta construcción teórica. En años recientes, los políticos más perspicaces han podido constatar una profunda disociación entre las percepciones subjetivas de la población y los resultados de los sistemas de contabilidad nacional. Intrigado por la misma, el presidente francés encargó a Joseph Stiglitz y Amartya Sen dirigir una comisión para indagar sobre el tema y proponer, si fuera necesario, una nueva forma de expresar el bienestar de una economía.

En su informe final, estos distinguidos especialistas indican que puede haber una enorme discrepancia entre la marcha del producto interno y la de las variables que gobiernan el bienestar individual. Por esta razón recomiendan otorgar un mayor peso a las trayectorias del ingreso nacional, el consumo y el ingreso personal; analizar la evolución de la riqueza y la dinámica de los balances sectoriales de los distintos agentes económicos; y estudiar la distribución de la riqueza, el ingreso y el consumo.

Quienes defienden a la Contabilidad Nacional y sus conceptos básicos argumentan que el producto bruto interno no tiene porque reflejar el bienestar de una economía, sino expresar cuán extensa es. Por esta razón, afirman que el indicador en cuestión cumple con eficiencia este papel más restringido. Pero, ¿es cierta esta afirmación? ¿Proporciona la contabilidad nacional una medida precisa del estado de una economía y de la marcha del ciclo de los negocios?

Rosemary Thorp



Mientras veía caer la nieve, solo en una casa y en medio del bosque, pensaba en el silencio y en los placeres que podemos experimentar cuando tenemos la oportunidad de percibirlo. El ruido, especialmente, el continuo y persistente, es una característica de las grandes ciudades, detestable abominación, porque no nos permite escuchar el inmarcesible silencio de la creación, esas mismas voces que inspiraron elevados versos, la aislada ubicación de los templos griegos, y, el enigmático oráculo de Zeus en Dodona, donde hablaba el dios meciendo suavemente las hojas de los robles que ahí crecían.


2021


Bruno Seminario
Prof. Universidad del Pacífico



Modificaciones sustanciales experimentará la economía mundial en este siglo nuevo, lo mismo ocurrirá en América Latina , y, por ende en el Perú. Las nuevas determinaciones ya comenzaron a operar; por esta razón, es natural que haya desconcierto y confusión. Después de todo, ¿quién puede conocer los arcanos del tiempo, reconocer todas las cosas que serán disminuidas , y, lo trivial que puede convertirse en relevante? Aunque banales han resultado todos los intentos por adivinar el porvenir, no por ello, cesa este misterioso empeño. Quizás, porque las insólitas destrezas que requiere el arte satisfacen poderosas fuerzas psicológicos. A pocos les importa la exactitud cuando se busca atenuar el desasosiego.



Hago estos comentarios, porque en este breve artículo, me gustaría discutir cual puede ser el curso de la economía peruana, en los próximos diez años y estimar sus dimensiones en el 2021, la fecha del bicentenario del Perú republicano

Podemos empezar explicando la sutil diferencia que existe entre un pronóstico y una escenario, pues ésta es relevante para entender el sentido del ejercicio que vamos a presentar. Un pronóstico tiene cierta pretensión de exactitud e puede ser juzgado por su eficacia para consumarla, mientras ésta es inexistente en el caso de un escenario. Cuando se elabora un escenario, lo que buscamos es una herramienta cuantitativa que nos permita juzgar y evaluar nuestro desempeño comparativo frente a un patrón que sintetice el efecto de las principales fuerzas cualitativas que intervienen en el escenario.






Que ambos conceptos pueden confundirse con facilidad, lo demuestra cómo son interpretados , en el Perú, los guarismos que contiene el Marco Multianual del MEF o el Reporte de Inflación del Banco Central. Estos documentos se limitan a expresar cuantitativamente el resultado probable de las políticas públicas, y, por esta razón, tampoco persiguen la exactitud característica de los pronósticos sino construir una herramienta para mesurar la eficiencia de la política económica. Así, cuando el ministro Carranza, anunció a principios del año pasado, que el ¨Perú crecería en el 2009 cinco por ciento, no ha sido si no, revelar la confianza que tenía en su política. Como el Perú, en el 2009, sólo crecerá 0,7 por ciento, la considerable discrepancia , lo único que demuestra es cuán poco factible era la política.

Como en la figura mostramos la trayectoria futura de las tasas de crecimiento de la economía peruana para el período 2009-2021, hay también el riesgo de creen que resumen un pronóstico cuando en realidad constituyen un escenario, pero uno construido tomandoen consideración las tendencias de largo plazo de la economía peruana y el impacto de los ciclos económicos, en otras palabras, resume el desempeño que la economía peruana tuvo en el pasado.


Si bien el espacio no nos permite explicar con detalle el método utilizado para construir este patrón ideal, podemos resumir los aspectos más relevante del mismo. Para empezar, el escenario contiene el efecto de las tres principales fuerzas que regirán la marcha futura de la economía mundial : el desplazamiento del poder económico y político hacia el continente Asiático, el impacto de la nueva demografía y las consecuencias del Cambio Climático. En segundo lugar, para estimar el impacto del ciclo económico ,hemos tomado en consideración, casi toda la información disponible en el siglo XX, y, por esta razón, hay una considerable precisión en la estimación de sus impactos.


Como puede apreciar el lector, sin estudia atentamente las cifras que representa la figura, el desempeño promedio de la economía peruana, sugiere la recuperación del Perú de la crisis puede proceder a un ritmo más lento que lo anticipado en los pronósticos oficiales. En efecto, la duración del ciclo de los negocios medida entre pico y pico, es de 10 años. Por esta razón, en el escenario se espera una nueva crisis para el 2019. También, la longitud del periodo de recuperación, dos años, es mayor a la observada en Estados Unidos. Por ello, es probable que la economía recupere un ritmo normal de desarrollo –tasas ente cuatro y cinco por ciento—sólo en el 2011 o el 2012, y, que asistamos a una nueva bonanza en el 2015 o 2016.


¿Cuáles serían el valor del pbi per cápita de materializarse esta trayectoria? Según la CEPAL, el tamaño de la economía peruana en el 2008 medido en dólares del año 2000 fue de 84, 362 millones de dólares y el pbi per cápita 2989 dólares; en el año del bicentenario el valor del PBI sería de 162,113 millones de dólares y el del pbi per cápita de 4995 millones de dólares. El crecimiento promedio del pbi en este lapso sería de 5,18 por ciento. De modo que el escenario en modo algo alguno es pesimista. En el 2021, el Perú exportaría al Mundo 30,261 millones de dólares del 2000, en el 2008 la cifra reportada por la CEPAL fue de 16,155. Su tasa de crecimiento acumulada sería de 5,3 por ciento. A partir de estas variables es posible derivar la trayectoria de los principales indicadores sociales , el tamaño del sistema bancario, la tasa de crecimiento de las principales industrias , estimar el tráfico probable de los principales puertos, y, estimar el valor de la inversión directa extranjera.

¿Qué utilidad puede tener estos números? Son adecuados para estimar la rentabilidad de proyectos de inversión de largo plazo, como puertos, carreteras y otras obras de infraestructura. También pueden ser estimaos con mayor precisión el riesgo sistemático de los principales variables económicas , para determinar fechas adecuadas para iniciar proyectos de inversión . Sin embargo, deben ser utilizados con cierto cuidado s apara realizar proyecciones de corto plazo, pues este patrón ideal excluye el impacto de las fluctuaciones de corto plazo que provoca la política económica, el ciclo político, y, la dinámica de los inventarios.

El Futuro de la Economía Mundial


Bruno Seminario

Profesor de la Universidad del Pacífico

Nos dice la tradición que fue Simónides de Ceos quien inventó el Arte de la Memoria: la técnica mnemotécnica que explican los antiguos tratados de retórica, entrena la memoria y le permite a un orador pronunciar con extrema exactitud y sin auxilio artificial, un discurso extenso. Propia de una civilización que aún no contaba con la tecnología para apoyar un recuerdo fácil, era indispensable para el ejercicio de la política en las ciudades del mundo clásico; pero, no es su función, lo más sorprendente sino su base conceptual. Porque el recuerdo sólo se hace vivo y transparente por la emoción intensa, el Arte dependía de una psicología práctica que conocía que el recuerdo podía ser estimulado por extremas imágenes visuales[1].

Que la Memoria artificial es extrema y estimulada por visiones vehementes es una hipótesis que puedo aceptar con facilidad, sino ¿por qué los libros de historia otorgan una atención desmesurada a las personalidades de las eras de convulsión y no a aquellas que pertenecen a las más tranquilas? Por ejemplo, la trágica figura de Juliano, el siglo pasado, ejerció sobre poetas, literatos y filósofos, una poderosa atracción, gracias a su peculiar personalidad y su intento fallido de revivir el paganismo. Empero, ¿no resulta incomprensible este interés tan abrumador, especialmente, cuando consideramos la corta duración del reinado del emperador en cuestión?

Debo interrumpir, por razones de espacio, esta breve digresión, pero antes de hacerlo me gustaría usarla para mostrar, en primer lugar, que los factores que rigen la dinámica de atenció0n humana puede responder a determinaciones que poco tienen que hacer con la realidad objetiva o la lógica más elemental. En segundo lugar, el recuerdo y el olvido, puede ser regido por poderosas fuerzas instintivas, visiones penetrantes pero concentradas en aspectos parciales de la realidad.

Hago estos comentarios porque después de leer varios documentos sobre la evolución de la economía mundial, me resultó evidente que su característica más distintiva no es su contenido sino la manera peculiar como interpretan el desastre financiero que ocurrió el año pasado. En efecto, tanto los gobiernos como las instituciones internacionales, en sus informes, parecen más interesados en justificar las principales decisiones de política y promover el optimismo, que en mostrar el curso probable de los desarrollos macroeconómicos.

Ni siquiera una institución tan polco comprometida con la desregulación y el neoliberalismo como la CEPAL, se salva de esta curiosa tendencia. Aunque el Estudio Económico para América Latina, publicado por esta institución en el mes de julio, menciona que vivimos en un momento crítico del desarrollo de América Latina, y, ofrece un excelente análisis de los efectos de la crisis sobre la región, también señala que la contracción que este año experimentará la producción será relativamente moderada. ¿Cuál es la razón? Una versión modificada de la teoría del "blindaje". Como ya resulta insostenible la afirmación de América Latina, pues la evidencia que la contradice es abrumadora, ahora, se sostiene que el efecto del desastre financiero, será moderado. Y, si esto no es consuelo suficiente, también se indica que el sistema de indicadores líderes de esta institución, ya detectó, en las principales economías, señales de recuperación. No consideró necesario comentar las asombrosas y aún más portentosas afirmaciones que podemos encontrar en la prensa financiera internacionales o en otros documentos preparados por otras instituciones internacionales.

No lo hago, porque me gustaría resumir las ideas contenidas en los publicados recientemente en Project Syndicate[2] por Dani Rodrick y Kenneth Rogoff, dos destacados economistas estadounidenses.

Sostiene, Daní Rodrick, en sugerente comentario, titulado ¿Un Mundo Desglobalizado?, que es improbable que la ecomía mundial siga siendo la misma, a pesar de que comparte la opinión de que tarde o temprano llegará la recuperación. Para él, cuando termine la crisis, nos encontraremos con nuevo mundo desglobalizado, en el que habrá menos financiamiento externo y en el que el comercio internacional crezca a un ritmo más lento. También señala que la nueva coyuntura puede afectar el dinamismo de aquellas economías que basaron sus economías en la reestructuración económica y la diversificación de su comercio exterior, especialmente sustanciales en su estrategia de desarrollo. Para el una estrategia que se orienta exclusivamente hacia el sector exportador. Debe , por esta razón, ser dejada de lado en favor de otra más equilibrada que le otorgue igual papel al desarrollo del mercado interno.

Rogoff, en "La Nueva Normalidad para el Crecimiento", llega esencialmente a la misma conclusión pero concentra su análisis en Estados Unidos y en las fuerzas estructurales que pueden limitar el dinamismo de la economía estadounidense en el próximo decenio. En efecto, que tanto Estados Unidos como China, deberán resignarse a una tasa media de crecimiento inferior a la que gozaron antes de la crisis. Lo que impide regresar a la situación anterior es que el consumo de los Estados Unidos, el motor del crecimiento mundial, será inferior por el desempleo creciente, el descenso de los precios de la vivienda, el endeudamiento de las familias estadounidenses, y la reducción en la riqueza de los pensionistas.

Para el Perú, estos escenarios pueden ser especialmente relevantes, y, sería indispensable volver a pensar desde esta perspectiva , el diseño de la política comercial , la política macroeconómica, y algunos aspectos de la política de desarrollo.



[1] [1] Sobre el “Arte de la Memoria” escribió , en 1966, Francis A. Yates un libro fascinante., publicado en inglés, por la Universidad de Chicago. Existe traducción al castellano hecha por la editorial Siruela. Esta misma editorial, ha publicado varias obras sobre el tema del filósofo español Ignacio Gómez de Liaño. Destacan “Filósofos Griegos, Videntes Judíos” y “El Círculo de la Sabiduría”.

[2] El lector interesado puede obtener una copia de estos ensayos en (Rogoff) http://www.project-syndicate.org/commentary/rogoff56 y (Rodrick) http://www.projectsyndicate.org/commentary/rodrik31/Spanish

Entrevista Crisis

Entrevista.21: “El Perú nunca ha estado preparado”

El economista Bruno Seminario no es optimista y advierte que la crisis financiera en Wall Street afectará fundamentalmente a las provincias. Del sueño a la pesadilla americana.
Autor: Michael A. Zárate
Cuando el presidente Alan García dice que el Perú es un pueblo libre de la crisis financiera se parece al futbolista Johan Fano cuando proclama que tenemos un equipo competitivo para ganarle a Paraguay en Asunción. Es decir, ambos tratan de infundir optimismo, ¿pero cuánto de ese discurso es verosímil? Bruno Seminario, investigador de la Universidad del Pacífico, cree que el Perú no está preparado para enfrentar una crisis que podría significar el fin de la hegemonía de Estados Unidos. Un país no es solo lo que hace, es también lo que tolera.

El presidente ha asegurado que somos un país libre de amenazas internacionales y de crisis financiera.
Bueno, sabemos que nuestro presidente no se caracteriza por su perspicacia económica. Probablemente sea uno de los presidentes con menor entendimiento económico en el último siglo. La semana pasada han salido algunos indicadores y son bastante malos. Hasta ahora los efectos de la crisis han sido semicontenidos en el sector financiero, pero el principal problema que afronta el mundo ya dejó de ser financiero. Hoy es la parálisis crediticia.

La caída en el precio de las materias primas ya nos está afectando. ¿Qué otros efectos podrían ocurrir?
Un primer efecto es el financiero. Los mercados de crédito en EE.UU. están paralizados y sería bastante extraño que el Perú pueda conseguir crédito. Los bancos tendrán problemas al renovar su línea de crédito. Un segundo impacto será la caída del precio de las materias primas. Se reducirán los ingresos fiscales y conceptos como el canon o las regalías –que reciben las provincias– también disminuirán. Otro impacto es el siguiente. La industria textil ha caído 7% en los primeros seis meses del año. Eso va a ocurrir con casi todos los exportadores no tradicionales cuando se generalice la recesión en el mundo. Todos estos 'shocks’ son tan fuertes como en 1997.

Pero se sostiene que el Perú está hoy mejor preparado que en 1997.
El Perú nunca ha estado preparado. Si usted revisa bien, todos los gobiernos, antes de una crisis, dicen que el Perú está mejor preparado. Suponga que caigan los precios (de las materias primas) un 30% o 40% y que los ingresos fiscales caigan 30% o 40%. ¿De dónde va a sacar dinero el Gobierno para financiar el déficit? Había un fondo de estabilización fiscal, pero el ex ministro (Luis) Carranza lo distribuyó entre las provincias. Ante este tipo de 'shock’, el Estado no tiene ni la capacidad ni los instrumentos para neutralizarlo.

¿El TLC con Estados Unidos ha sido conveniente?
No se puede decir si ha sido conveniente o no. Pero si usted recuerda, cuando firmaron el TLC con Estados Unidos hubo algunos exagerados que dijeron que iba a generar un millón de empleos al año. ¡Cada año! ¡Ahora que digan cuántos empleos generará! (ríe). Obviamente, si te ligas con la economía que es el centro de la crisis, vas a sufrir. El TLC no tiene la culpa, sino la inestabilidad de Estados Unidos.

Se dice que hoy más que nunca debemos firmar TLC con la mayor cantidad de países para que no perdamos el nivel de las exportaciones.
Eso no tiene ningún sentido. El valor de nuestras exportaciones depende básicamente de los precios internacionales. Para vender productos mineros o pesqueros no necesitamos firmar ningún TLC porque son materias primas. Cuanto más TLC firmemos ahorita teóricamente se distribuirá más el riesgo. Probablemente, cuanto más abras la economía más expuesto vas a estar a este tipo de riesgos.

¿Es conveniente en estos momentos la firma de un TLC con China?
China tiene exactamente el mismo problema que nosotros. En estos momentos debe estar acumulando un montón de productos de exportación que no puede vender a Estados Unidos ni Europa, y nosotros somos los únicos a los que se les ocurre firmar un TLC. Ahora es el momento de poner barreras a los productos chinos. Por si acaso, el TLC con China no tendrá los efectos que el firmado con Estados Unidos.

¿A qué se refiere?
Mientras el efecto del TLC con Estados Unidos sobre el sector industrial es mínimo, lo que produce China sí afectará a toda la pequeña empresa. Si firman el TLC con China y no protegen a la pequeña empresa, pues el sector textil quebrará. ¿Ahora qué diablos le van a vender a China? ¿Un par de uvas que exportan? ¿Van a cambiar uvas por una quiebra masiva en el sector industrial? Si quieren firmar el TLC con China que esperen a que pasen los efectos de la recesión. Este es el momento menos oportuno.

¿La caída en el precio del petróleo es un aspecto beneficioso dentro de toda esta crisis?
No solo está cayendo el precio del petróleo, sino el de los alimentos. Entonces, es altamente probable que la inflación descienda también. Fíjese que más interesante que la caída del petróleo es la de los alimentos, pero que la gente no crea que esto nos beneficia porque el precio de los metales está descendiendo más. Y los efectos de la recesión aún no los estamos viendo en el precio de los metales. La caída recién se ha iniciado. Se puede caer más.

El ministro de Economía, Luis Valdivieso, viene siendo criticado por hacer recortes en diversos sectores. ¿Él debe usar hacha o bisturí?
El ministro Valdivieso –por su experiencia en el Fondo Monetario Internacional– es ahorita el único que se da cuenta del vendaval externo que se viene. Yo no lo criticaría. El que tiene la culpa es Carranza. El pobre Valdivieso trata de amortiguar los efectos de la crisis, pero no creo que pueda porque la única forma hubiera sido prepararse con dos años de anticipación.

Hoy en el mundo hay un debate impulsado por quienes consideran que ha llegado el fin del neoliberalismo.
¡Ese es el otro punto importante! Esta crisis no es una crisis cualquiera.

No es un ciclo económico más.
No. ¿Cuándo hemos observado la caída de todos los bancos de inversión de Wall Street? No es cualquier crisis. Si los bancos de inversión –que eran el sector básico para el funcionamiento del modelo– ya no existen, pues estamos ingresando a una nueva fase. Las crisis normalmente habían estallado en países emergentes, pero esta ha empezado en el centro. Además, el gobierno estadounidense no ha tenido ningún reparo en hacer todo lo contrario a lo que postulaba. Vamos ahora hacia un mundo con profundas regulaciones. El liberalismo, entendido como la supresión de regulaciones, prácticamente desaparece. ¿A qué período hemos entrado? Aún no lo podemos saber.

Será un período en el que el rol del Estado en la economía será mayor.
Sí, y ya lo estamos viendo. Lo que ha pasado en Estados Unidos se va a reproducir en Europa, y las políticas económicas de los países emergentes vienen de ahí. Obviamente, estamos ingresando a una nueva fase. En realidad, algunos creen que estamos ingresando a un nuevo período histórico muy raro que se da normalmente cada 100 o 150 años en el mundo. Un tránsito hegemónico en el que una potencia deja de ser dominante.

¿Como el tránsito que hubo de Inglaterra a Estados Unidos?
En realidad se conocen dos tránsitos. El de España a Inglaterra y el de Inglaterra a Estados Unidos. El gran problema de estos tránsitos es que abren un período de profunda inestabilidad. No es que Estados Unidos vaya a dejar de ser súbitamente el país más importante. Esto será algo progresivo. Pero las tendencias ya están a la vista.

¿Pero quién va a emerger? ¿China?
Es poco pronosticable. Cuando Inglaterra perdió hegemonía hubo dos competidores que fueron EE.UU. y el Imperio Alemán. Hoy el gran problema no es quién va a emerger –porque no es posible identificarlo– sino qué tipo de tránsito vamos a tener. El tránsito de Inglaterra a EE.UU. no fue muy agradable. Hubo la gran depresión, dos guerras mundiales, murieron 200 millones de personas, surgió el comunismo, el nazismo, etc. Esa es una posibilidad.

¿Cuál es la otra?
La otra posibilidad es que sea un tránsito más lento y prolongado, como lo que ocurrió con la monarquía española a finales del siglo XVII. España inició un lento declive como potencia mundial y surgieron un montón de países chicos que comenzaron a crecer. Habría que rezar para que se dé algo similar. En realidad, no tenemos idea de quién puede sustituir a EE.UU. China ahorita no está preparada para sucederlo. Todavía es una economía chica.

¿Tiene razón el ministro de Finanzas de Alemania cuando pronostica que EE.UU. perderá su estatus de superpotencia en el sistema financiero?
Probablemente entremos a lo que se llama un mundo multipolar. De hecho, ya estamos viendo las consecuencias de ese tránsito. Ahora al FMI y al Banco Mundial nadie les hace caso. Una institución como el G7 ya no tiene el poder de antes. El proceso parece haberse iniciado. Por ejemplo, examinemos el caso de esta agencia americana de riesgo que nos dio el grado de inversión.

¿Cuál de las dos: Fitch Ratings o Standard & Poor’s?
Bueno, las dos. Da lo mismo. ¿Qué credibilidad tienen hoy? ¡Esos señores dijeron que la aseguradora AIG era una empresa triple A! Imagínese, ¡la compañía de seguros que quebró era triple A! Eso sucede cuando hay este tipo de problemas en procesos internacionales. Uno puede decir que no se debe nacionalizar un banco, pero lo curioso es que esta posibilidad ya está reconocida por gente más experimentada.

El propio Mario Vargas Llosa ha llamado a los liberales a revisar la idea de que menos Estado es mejor para el funcionamiento de la sociedad.
Que Vargas Llosa reconozca eso ya es sorprendente. Lo primero que debe saber el lector es que ha ocurrido algo importante. Lo que quiere vender el Gobierno es que se trata de cualquier cosa. Son cambios que van a pasar a la historia. Cuando se escriba la historia del siglo XXI estos años estarán ahí.

¿Wall Street pertenece ya a las viejas cosas del siglo XX, como los tranvías, los barberos, los mecanógrafos o el amor eterno?
(Ríe) Wall Street, como se concibió, ya no existe. El crecimiento de Wall Street se basa en una regulación de 1930, que separa la banca comercial de la banca de inversión. El gobierno de Estados Unidos ya clausuró la banca de inversión y los pocos que quedan se han tenido que convertir en bancos comerciales porque el público tiene miedo.

¿Esta coyuntura no favorecerá a Humala, quien habla de no tenerle miedo al rol empresarial del Estado?
No sé a quién beneficiará, pero sí conocemos algo históricamente. Cada vez que ocurren efectos semejantes, en el Perú hay una profunda transformación del régimen político. Cuando ocurrió lo de 1930 el gran beneficiado fue el Apra. Luego del primer gobierno de Alan García el gran beneficiado fue Fujimori y los independientes.

Hablamos de los beneficiados, ¿pero quiénes serán los perjudicados?
Esta recesión va a afectar fundamentalmente a las provincias, justo de donde vienen los conflictos sociales. Carranza cometió un error. Antes casi todo el gasto fiscal en el Perú era administrado por un sistema de caja fiscal. Hoy la iniciativa de gasto la tienen los gobiernos regionales. Entonces, cuando haya que recortar los recursos se va a originar un lío enorme en provincias.

Inflación II

Qué hacer para bajar la inflación?

En nuestra edición de ayer, La República publicó la primera parte de una mesa redonda en la que los economistas Bruno Seminario (U. Del Pacífico), Félix Jiménez (PUCP), Elmer Cuba (Macroconsult) y Javier Zúñiga (U. de Lima) analizan las causas y los efectos de la inflación. Los especialistas entregan aportes respecto a lo que el gobierno debe hacer para reducirla.

 
Image
Cocinando. Miles de familias pobres son las más golpeadas por el alza del precio de los alimentos. Su capacidad adquisitiva sigue cayendo por el despunte de la inflación. (Foto: Ana María Castañeda)
 
 
Image
Mesa. Zúñiga (U. de Lima), Cuba (Macroconsult), Campodónico (moderador), Jiménez (PUCP) y Seminario (U. del Pacífico). (Foto: Christian Salazar)
 
 
Image
Haga clic ken la imagen para ampliar.
 
HUMBERTO CAMPODÓNICO: Con el esquema de las causas e impactos de la primera parte de esta mesa redonda, ¿qué hacer en estos momentos para combatir la inflación?

FÉLIX JIMÉNEZ: La inflación afecta más a los pobres y a los trabajadores que tienen ingresos fijos. Por tanto, este gobierno ha agregado un elemento más a la fragilidad económica y financiera; la fragilidad social porque está exacerbando el conflicto social con el descuido del tema inflacionario.

Cuando uno desagrega los componentes del Producto Bruto Interno (PBI) encuentra que la tasa de crecimiento de la demanda interna en los dos años de este gobierno (de junio 2006 a junio 2008) fue de 11.9%. El PBI creció en 9.2%. Ese 11.9% se desagrega en una demanda interna por producción nacional que creció a la tasa de 8.1%, una demanda interna por importaciones que creció a una tasa de 3.8%. La demanda interna por producción nacional no genera, como se comprenderá, un gran exceso de demanda. El problema es entonces el crecimiento de las importaciones y, por tanto, el deterioro del sector externo.

Quienes postulan enfriar la economía con una política fiscal contractiva, cortando el gasto de inversión, se equivocan en su diagnóstico. Creo que hay que tomar en cuenta que el gasto público total representa solo el 10.8% de la demanda interna. Es el gasto privado el que creció significativamente. Y de este gasto, las importaciones representan un porcentaje notable. El crecimiento del gasto privado en importaciones está asociado con el crecimiento explosivo del crédito en moneda extranjera, con la reducción del tipo de cambio y con la disminución de los aranceles. Entonces no hay que repetir la historia de los recortes de tipo fondomonetaristas.

Es importante reflexionar en la conveniencia de incrementar temporalmente los aranceles, en coordinación con el gremio de producción industrial: la SNI. Por otro lado, el directorio del Banco Central de Reserva (BCR) debe retornar al manejo profesional de la regla de intervenciones esterilizadas en el mercado cambiario, para no dejar que se sigan encareciendo las exportaciones no tradicionales. Que este directorio deje de usar el tipo de cambio como instrumento antiinflacionario. Hay que secar también el crédito en moneda extranjera, elevando notablemente los encajes. Finalmente, en lugar de pensar en reducir la inversión pública, hay que promover la realización de una reforma tributaria que cambie la estructura de la tributación para que pague más quien más tiene. El país lo necesita; los pobres necesitan más escuelas, postas médicas, carreteras, puentes, agua y desagüe. Es el momento de hacer un giro en el estilo de crecimiento, para que este ocurra con justicia social.

BRUNO SEMINARIO: Para hacer frente a la inflación, una de las medidas que debe tomar el BCR es incrementar la tasa de interés de referencia. Hay que subirlo en 2 o 3 puntos porcentuales, tal vez llegar a 9%, pero no planteo que sea de golpe. El directorio del BCR en sus sucesivas reuniones debe hacer un incremento gradual de 0.5% en 0.5%.

No creo que una economía que crece a un ritmo de 10%, con un aumento de 9% en la tasa de referencia, tenga mayor impacto. Las recesiones agudas se producen cuando hay un reajuste total y el objetivo de la política monetaria es recuperar las tasas de crecimiento de la economía. Ahora no creo que un crecimiento de 10% sea manejable, se debe apuntar a un crecimiento de 7%.

Si eso no funciona, yo me inclinaría a usar medidas más directas sobre el crédito, una de ellas es incrementar el rendimiento de capital de los bancos, y eso inmediatamente canalizará y neutralizará la liquidez solo del capital.

Es importante revisar las medidas que hizo Luis Carranza (ex ministro de Economía) como el tema de las exoneraciones a las regiones. Hay que volver a recuperar la base tributaria.

JAVIER ZÚÑIGA: La inflación puede provocar un conflicto social, y con el ejemplo del "moqueguazo" se puede pensar que se obtiene un beneficio adicional. Considero que en este periodo de bonanza los que tienen la suerte de trabajar en empresas exportadoras de minerales sí han sentido el chorreo económico al igual que los importadores.

A la pregunta sobre cuánto durará la inflación, creo que este año será de 6.5% o 7% y durará de acuerdo con cómo vea el gobierno la inflación, si lo hace desde el punto de vista político y no desde el punto de vista técnico, y si este gobierno busca siempre medidas fáciles y rápidas pensando en que no ocurra lo que pasó en su gobierno anterior.

ELMER CUBA: El tema de la inflación creo que rebotará algunos meses por el tema salarial, pero ante la ausencia de buenos impulsos van a comenzar a ceder, aunque creo que el BCR está actuando bien. Además creo que debería haber un aumento de tasa de interés de referencia en soles, puede haber un aumento de casi 7% y al fin de año casi plano porque la inflación se ha comido la tasa de interés.

En el caso del encaje no le huyo, pero ocurre que estamos sobrestimando el efecto de la tasa de interés de referencia. Por el lado de la política fiscal, como tenemos un riesgo de ingreso al próximo año, por crisis internacional y los metales hay que ser conservador. Es un cuento chino decir que reduzco gasto público por la inflación. Además debemos ser selectivos en lo que se refiere a inversión pública.

Considero que en las medidas que se han tomado hay algunas importantes. Puedo citar el Fondo de Estabilización del Precio de los Combustibles Derivados del Petróleo, el cual tontamente se desactivó cuando se debió esperar hasta diciembre porque luchamos contra la inflación en momento en que está en su pico más alto y el Fondo de Estabilización se desactiva en el momento que no se quiere que aumente ese fuerte impacto.

La forma de ayudar a los ciudadanos más pobres es que el gobierno emplee instrumentos y sistemas de información, para ayudar transitoriamente a los grupos vulnerables.

LA CIFRA

6.27 por ciento fue la inflación anualizada en Lima (agosto 2007-2008). La acumulada (de enero a agosto) trepó a 4.70%.

OPINIONES

"Quienes postulan enfriar la economía con una política fiscal contractiva, cortando el gasto de inversión, están equivocados’’.

Félix Jiménez.

"Creo que para hacer frente a la inflación, una de las medidas debe ser elevar la tasa de interés de referencia a 9%’’.

Bruno Seminario.

"¿Cuánto durará la inflación? Depende del punto de vista del gobierno y de que este ya no busque medidas fáciles’’.

Javier Zúñiga.

"La creación del Fondo de Estabilización es buena, pero se desactivó en mal momento. Debieron esperar hasta diciembre’’.

Elmer Cuba.